Duermo mal desde que tengo memoria. De las noches de crío lo que más recuerdo no son los sueños, sino el techo: la casa en silencio, todo el mundo dormido menos yo, y una cabeza que no se apaga. Lo que pasó hoy, lo que toca mañana, una canción que se repite. Y al día siguiente, un cansancio de fondo que no se va con el café. Con los años uno aprende a convivir con eso. Lo que no he aprendido es a convivir con los consejos. Si duermes mal y lo dices en voz alta, aparece un experto: la...
Pásate por cualquier farmacia y mira la balda de los complementos. Hace diez años el magnesio era un bote, como mucho dos. Hoy hay media pared: citrato, bisglicinato, cloruro, malato, «magnesio total» con cinco formas mezcladas, polvo, cápsulas, sobres, comprimidos efervescentes y uno que promete llegar al cerebro. Si además tienes cierta edad y algo de redes sociales, el magnesio te persigue: que si para dormir, que si para los calambres, que si para el cansancio, que si para la ansiedad. Parece que medio país va corto de magnesio y la otra mitad está a punto. Como me pasa con...
Hay una frase que me persigue desde hace mucho. Me la he cruzado en una de esas imágenes con busto de mármol y atardecer de fondo, en el estado de WhatsApp de alguien, en una taza de una tienda de regalos. Dice así: «Para ser feliz, debes liberarte de dos cosas: el miedo a un mal futuro y el recuerdo de un mal pasado.» — Séneca Es una buena frase. Tiene la simetría que tienen las frases que se recuerdan: dos cosas, una hacia delante y otra hacia atrás, y en medio tú, liberado. Y tiene la firma adecuada, porque...
Tengo un grupo de WhatsApp que se llama, hoy, «La Junta». Antes se llamó «Cena viernes 12», y antes de eso «Nos vemos ya coño», y antes de eso algo relacionado con una despedida de soltero de la que no voy a dar detalles. Los nombres de un grupo son su estratigrafía: si excavas, sale la historia entera. Somos siete. Uno no escribe nunca —lleva sin escribir, calculo, dos años—, pero lo lee todo, porque cuando quedamos hace referencias a conversaciones en las que no participó. Otro manda audios de cuatro minutos. Otro manda exclusivamente memes, jamás una frase propia,...
Llevo escritos unos cuantos domingos sobre la amistad adulta: la cerveza semanal, las sobremesas sin reloj, quedar sin motivo, volver a ver a los de toda la vida. Todos tratan del mismo problema: cómo se conserva lo que ya tienes. Que es difícil, y por eso da para tantos domingos. Pero hay una pregunta que llevo tiempo esquivando porque no tengo una respuesta cómoda, y es la otra mitad del asunto: ¿cómo se hace un amigo nuevo a los cuarenta y muchos? No hablo de conocidos. De conocidos vamos sobrados: gente del trabajo, padres del colegio, vecinos, el del taller,...