Filtrando por tag: filosofia
4 resultados
11 de julio de 2026
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9 min de lectura
Hace unas semanas, en el post sobre el wabi-sabi, dediqué una sección al kintsugi —el arte japonés de reparar cerámica rota sellando las grietas con oro— y dije que era el objeto que mejor encarna toda esa filosofía. Me quedé con ganas de más, porque despaché en tres párrafos algo que merece su propia entrada. El kintsugi se ha convertido en los últimos años en una metáfora de autoayuda tan manoseada que corre el riesgo de que olvidemos lo mejor: que detrás de la metáfora hay una leyenda estupenda, un oficio real, lento y endiabladamente exigente, y una idea sobre...
29 de junio de 2026
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9 min de lectura
Tenía una escena clavada en la memoria. En Kung Fu Panda, el viejo maestro Oogway —la tortuga sabia, la del bastón— sacaba un escorpión del agua, lo salvaba de ahogarse, y el escorpión, en agradecimiento, le picaba. Y entonces Oogway, con su calma de tortuga milenaria, soltaba una de sus frases: algo sobre cómo cada uno debe permanecer fiel a sí mismo y no cambiar para contentar a los demás. Quería escribir un post sobre esa escena. Me parecía una pequeña joya de sabiduría, de esas que la película dejaba caer entre golpe y golpe de kung-fu. Así que fui...
28 de junio de 2026
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11 min de lectura
Hay una palabra japonesa que en los últimos años se ha puesto de moda en Occidente y que, como casi todo lo que se pone de moda, se ha entendido fatal. La habrás visto en revistas de decoración, en cuentas de Instagram de interiorismo, en catálogos de muebles «de inspiración zen». Wabi-sabi. Suena bien, suena tranquilo, suena a casa beige con plantas y cerámica artesanal. Y no es eso. O no es solo eso. El wabi-sabi de verdad es bastante más hondo, bastante más viejo y bastante más incómodo de lo que la versión decorativa deja ver. Es una manera...
25 de mayo de 2026
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5 min de lectura
Hay un concepto del que Joan Tubau lleva años hablando en su podcast y en mixx.io y que se me ha quedado pegado: fuck you money. La traducción literal —«dinero para decir que te jodan»— suena más vulgar de lo que el concepto merece. Porque no va de ser rico. Va de poder mirar a la cara a tu jefe, a tu cliente, a tu casero o a la siguiente factura sorpresa, y poder decir tranquilamente «no, esto no me lo trago» sin que se te encoja el estómago. Este post abre una serie de ocho entradas en las que...