Ambrosías
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Listado de ambrosías según mis criterios y gustos culinarios
Antes de nada, veamos qué dice el DRAE sobre qué es una ambrosía.

Bien, queda claro a qué me refiero cuando hablo de Ambrosía: acepciones 1, 2 y 3.
Hasta tres euros
Lo que cae en la cesta sin mirar el ticket.
Zamburiñas en salsa de vieira
La conserva más rica que he probado por debajo de tres euros. La salsa de vieira es densa, con sabor a mar de verdad, y las zamburiñas tienen una textura firme que aguanta perfectamente sin deshacerse. La abro, le pongo unas gotas de aceite de oliva y un poco de pan tostado, y tengo un aperitivo de domingo en treinta segundos.
Gazpacho
El gazpacho de marca blanca de Carrefour es, en mi opinión, mejor que la mayoría de los caseros mal hechos. Tiene equilibrio entre tomate, pepino y vinagre, no se pasa de sal y se nota la calidad de los ingredientes. Lo tomo bien frío en cualquier época del año.
Tableta de chocolate con leche y almendras
Sobre el papel parece un chocolate de los normales, pero la proporción de almendra entera y la calidad del cacao lo dejan en otra liga dentro del lineal del super. La leche no es empalagosa, la almendra cruje de verdad, y dos onzas con un café solo después de comer son una pequeña fiesta. Valor lleva décadas haciéndolo bien, y este sigue siendo el que les sale mejor.
Sardinillas en aceite de oliva
Una de esas latas que justifican que existan los aperitivos improvisados. Las sardinillas vienen prietas, sin espinas duras, y el aceite no enmascara el sabor del pescado. Las pongo sobre una rebanada de pan con tomate rallado y una vuelta de pimienta, y no me hace falta nada más. Por dos euros y medio, imbatible.
Mejillones en escabeche
Los Cuca son el patrón oro del mejillón en escabeche en gran superficie. Tamaño grande, carne firme, escabeche con pimienta y laurel que no domina al mejillón. Una lata abierta encima de un plato con palillos arregla cualquier cerveza de viernes por la tarde. Y duran días en la nevera si sobra algo, cosa que en mi casa no suele pasar.
Hasta diez euros
Lo que ya pides en la charcutería buena o reservas para un viernes.
Salmón ahumado
Para el precio, una de las mejores compras del Mercadona. El corte es generoso, la grasa está bien repartida y no tiene ese sabor químico de los ahumados baratos. Lo combino con tostadas, queso fresco o aguacate, y resuelve cualquier cena en cinco minutos.
Melva canutera en aceite de oliva
La melva canutera es de las conservas más infravaloradas del supermercado español. Más sabrosa que el atún, con un punto graso que la hace ideal para una tostada con tomate rallado o una ensalada potente. La de Ubago es la que más me gusta por la textura y porque siempre viene en buen aceite.
Ventresca de bonito del norte en aceite de oliva
La ventresca es la parte más sabrosa y jugosa del bonito, y la del Hacendado para el precio que tiene es difícil de batir. Se deshace en la boca, tiene un aceite limpio que se puede aprovechar para una vinagreta posterior, y unas láminas sobre una ensalada de tomate de la huerta convierten un plato sencillo en algo que no quieres compartir.
Anchoas del Cantábrico en aceite de oliva
Las anchoas son uno de esos productos donde dos euros más en la lata se notan en la boca al instante. Las Codesa son una opción intermedia muy razonable: filete grueso, salazón bien hecha, no se rompen al sacarlas. Sobre pan con mantequilla, o encima de un pimiento asado, son lujo asequible. Si entras en las series Reserva ya nos vamos al siguiente tramo.
Patatas fritas en aceite de oliva (lata 500 g)
Sí, son patatas de bolsa. Pero las Bonilla son patatas de bolsa con el mismo respeto que se le tiene a un AOVE bueno: aceite de oliva, sal, patata gallega y nada más. La lata las mantiene enteras y crujientes hasta el final. Sirven para un picoteo de domingo, para acompañar un huevo frito, o para mojar en una mahonesa hecha en casa. Caras para ser patatas, baratas para ser lo que son.
Hasta treinta euros
Lo que sacas cuando viene gente o cuando el día lo merece.
Jamón ibérico de cebo de campo loncheado (100 g)
Por debajo del bellota puro, el cebo de campo loncheado a cuchillo en una buena charcutería es de las relaciones calidad-precio más honestas del cerdo ibérico. Veta de grasa que se derrite a temperatura ambiente, sabor a fruto seco, sin la sal de un serrano industrial. Para un domingo de tabla con familia, gana al precio de cualquier loncheado envasado.
Anchoas del Cantábrico (lata 100 g)
Si las Codesa de la sección anterior son buenas, las Don Bocarte Reserva son otro mundo. Filete grueso, lomo limpio, punto de sal exacto, aceite de oliva virgen extra que no enmascara nada. La lata se abre dos o tres días al año, con pan crujiente y un blanco frío, y nadie habla durante diez minutos. Es de esos productos donde el precio se entiende cuando lo pruebas.
Torta del Casar (pieza ~600 g)
Cortar la tapa de una Torta del Casar madura y sacar la pasta cremosa con una cuchara o con pan tostado es una experiencia que justifica el viaje a Extremadura sin moverse del sofá. Leche cruda de oveja, cuajo vegetal de cardo, intensidad amarga al final que pide un vino tinto con cuerpo. La pieza dura varios días en la nevera, pero rara vez aguanta una sentada con amigos.
Cecina de vaca Reserva (taco 250 g)
La cecina leonesa loncheada fina, con un hilo de aceite por encima y unos copos de sal Maldon, es uno de esos placeres que duran dos minutos y se recuerdan una semana. La Reserva de Cecinas Pablo tiene curación larga, sabor profundo a humo de roble y una grasa intramuscular justa. Para una cena con quien quieres impresionar sin cocinar.
AOVE picual Reserva Familiar (botella 500 ml)
El AOVE es de esas cosas donde pagar treinta euros se convierte en un disfrute diario durante meses. El Oro Bailén Reserva Familiar es picual del Jaén bien hecho: amargor y picor pronunciados, frutado verde, aroma a hierba recién cortada. Para tomate, para gazpacho, para pan con sal, o para una vinagreta sencilla. No es para cocinar; es para terminar el plato.