Tapeo después de los cuarenta
A los veintitantos, el tapeo era un maratón. Salías el sábado a las dos de la tarde, parabas en el primer bar para una caña y un montadito, te ibas al segundo para otra caña y dos tapas, al tercero para una tapa grande y una tónica, y así hasta las ocho de la noche encadenando sitios, cervezas y calorías con una alegría que no me explico cómo sobrevivíamos. Luego cenábamos. Luego salíamos. Volvíamos a casa de madrugada y al día siguiente, a las doce, ya estábamos otra vez en el bar. A los cuarenta y tantos, el tapeo es...
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