Un día en Villa Meli: la casa donde cabemos todos
12 de julio de 2026
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Todo grupo de amigos que haya sobrevivido a los cuarenta conoce el problema, aunque nunca lo haya formulado en voz alta: ¿en casa de quién? Quedar en un bar está bien para dos horas, pero un bar no admite niños mojados, ni sobremesas de cinco horas, ni que el volumen del grupo suba como sube cuando estamos todos. Y quedar en casa de alguien significa que ese alguien —y sobre todo su casa— paga el pato: limpieza antes, limpieza después, la nevera arrasada, el vecino de abajo. Resultado: las reuniones grandes se espacian, porque nadie tiene el cuerpo para ofrecer...