Javier Valencia Javier Valencia
Cuaderno abierto junto a un portátil, con una taza de café

Cómo escribo este blog: las reglas que me he puesto

17 visitas

Hace unos meses empecé a publicar en este blog con una frecuencia que, hasta entonces, nunca había sostenido. Por el camino he ido aprendiendo qué funciona y qué no, qué tipo de disciplina necesito y qué criterios me ayudan a decidir rápido en vez de quedarme atascado cada vez. Hoy quiero dejar por escrito ese conjunto de reglas. Un poco para mí, porque volver a empezar con las mismas normas cada mes ahorra mucha energía, y un poco para quien lea y esté pensando en montar algo parecido. No es una teoría del blogging: es el manual editorial mínimo que me he construido a base de ensayo y error.

Cuaderno abierto junto a un portátil, con una taza de café

Regla 1: alternar temas personales y técnicos

El primer patrón que establecí fue sencillo: alternar entre posts personales y posts técnicos, día a día. Si el lunes publico un post sobre Go, el martes publico uno sobre cómo crío a mis hijas. Miércoles técnico, jueves personal. Y así.

La razón es doble. Por un lado, evita la fatiga. Si solo escribo técnico, me agoto en quince días. Si solo escribo personal, el blog se me vuelve autoreferencial y me empiezo a aburrir de mi propia voz. La alternancia mantiene el músculo activo en dos dimensiones distintas, y cada una descansa mientras la otra trabaja.

Por otro lado, protege al lector. Un blog que solo es técnico se vuelve manual de referencia. Un blog que solo es personal se vuelve diario íntimo. Los dos están bien, pero me interesa un formato mixto: un sitio donde se mezcla lo profesional con lo cotidiano, como ocurre en la vida real de la mayoría. Alguien que trabaja en tecnología también tiene familia, sale a comer, lee libros, ve series. Quería que el blog reflejara esa combinación.

La alternancia no siempre sale perfecta. Hay semanas donde un tema personal me tira mucho más y rompo el patrón, o donde un asunto técnico requiere dos o tres posts seguidos. Pero como regla por defecto, funciona mejor que cualquier otra que haya probado.

Regla 2: los sábados son para comida local

Dentro del reparto personal/técnico, los fines de semana tienen temática fija. Los sábados son siempre sobre comida, restauración o productos locales de la Costa del Sol: tapeo en Mijas pueblo, chiringuitos de Fuengirola, pescaíto en Los Boliches, desayunos molineros, mercados, kilómetro cero.

La decisión no fue arbitraria. El sábado es el día natural para hablar de gastronomía: es cuando la mayoría de la gente sale a comer fuera, cuando piensa en qué plan hacer. Un post sobre espetos de sardinas un sábado a las once de la mañana cae mejor que un sábado por la tarde o un martes cualquiera.

Además, la gastronomía de la Costa del Sol es uno de los ángulos en los que más puedo aportar: vivo aquí hace años, conozco los sitios, sé distinguir un chiringuito turístico de uno honesto, tengo opiniones fundadas sobre qué se ha perdido y qué merece defenderse. Es un tema donde mi voz es útil porque viene de dentro.

Mesa con una tapa de boquerones y una caña de cerveza en una terraza

El formato del post de sábado ha ido afinándose. Cada uno incluye: contexto del sitio o del tipo de comida, sitios concretos recomendados con nombres y dirección general, el plato que pido siempre, lo que evito y por qué, y cómo encaja en mi rutina personal. No son guías turísticas objetivas: son crónicas personales de un vecino que come en esos bares.

Regla 3: los domingos son para amigos

Los domingos tienen otra temática fija: la amistad adulta y las formas de mantenerla. Cervezas semanales, cenas largas, sobremesas sin agenda, conciertos, quedadas sin motivo, escapadas al campo.

Aquí la lógica es la inversa del sábado. El domingo suele ser el día más introspectivo de la semana, cuando uno hace balance, cuando piensa en cómo está viviendo. Hablar de amistad en domingo encaja con ese estado mental. Además, el domingo es el día en que más me reúno con amigos (cerveza de mediodía, paseo por la sierra, comida larga). Escribo sobre lo que hago ese día, o sobre lo que habría hecho si hubiera podido.

Este ha sido uno de los formatos más difíciles pero más satisfactorios. Hablar de amistad sin caer en tópico, sin sonar cursi, sin hacer literatura sentimental, exige cuidado. Los posts de domingo son los que más reescribo. Pero también los que más me importan personalmente.

Lo interesante de tener dos fines de semana temáticos es que el lector que nos lee con regularidad sabe qué esperar cada día: sábado, comida local; domingo, amistad. Esa previsibilidad no es aburrimiento, es confort. Es la misma razón por la que una sección de radio buena tiene secciones fijas: sabes qué viene después.

Regla 4: excepciones que rompen el patrón

La alternancia y las temáticas fijas son la base. Pero un blog que respeta sus normas al milímetro se vuelve previsible hasta aburrir. Por eso me permito romper el patrón con tres tipos de post.

Noticias IT. Cuando la semana trae algo del mundo del software que merece comentario antes de que se enfríe (un anuncio de lenguaje, un fallo de seguridad, un lanzamiento relevante, una discusión grande en la comunidad), interrumpo la alternancia. No pretendo ser el primero: intento ser útil unos días después con una lectura reposada desde la óptica de alguien que lleva tiempo en el oficio.

Noticias de geopolítica. Parecido pero en otro dominio: una elección, un conflicto, un cambio regulatorio con efectos globales. Sin pretensión de analista geoestratégico, pero con la voluntad de ordenar mis propios pensamientos. Son los posts que más me cuestan: exigen contrastar fuentes y no publicar hasta tener una opinión que aguante la relectura.

Randoms esporádicos. A veces un post no pertenece a ningún carril: una receta, una reseña de libro, una anécdota sin género. No lo fuerzo a encajar: lo etiqueto como lo que es y lo publico.

Las excepciones no tienen cadencia fija y nunca desplazan el sábado de comida ni el domingo de amigos; lo que se desplaza es un día laborable personal o técnico. Su función no es solo variar el menú: es señalar que el blog responde a lo que pasa fuera, no solo a mi calendario interno.

Regla 5: cinco tags como mínimo, una categoría obligatoria

Cada post lleva entre cinco y siete tags y una sola categoría principal. La categoría vive en un conjunto pequeño y cerrado: Personal, Desarrollo, DevOps, y poco más. Los tags son libres y más específicos.

La regla de los cinco tags mínimos surgió después de darme cuenta de que muchos posts iniciales tenían solo uno o dos tags, lo cual dejaba el sistema de etiquetas inútil para buscar. Un post que solo tiene el tag "personal" no ayuda a nadie a encontrarlo por tema. Cinco tags obligan a pensar en los diferentes ángulos que toca: tema principal, subtema, lugar si aplica, personajes si aplica, tono si aplica.

Por ejemplo, un post sobre tapeo en Mijas pueblo lleva algo como: personal, tapeo, mijas, costa-del-sol, gastronomia. Cinco ángulos distintos para que alguien que busque cualquiera de ellos encuentre el post.

La categoría, en cambio, es una sola. Es la clasificación alta, la que usaría un periódico para saber en qué sección imprimir el artículo. Los tags son las palabras clave que irían al final. Tener clara la diferencia entre los dos niveles ayuda mucho a no mezclarlos.

Regla 6: entre siete y doce minutos de lectura

La longitud de cada post está acotada: entre siete y doce minutos de lectura a doscientas palabras por minuto. Traducido a palabras: entre 1.400 y 2.400 por post. El objetivo habitual son unas dos mil.

Más corto que siete minutos, los posts pierden profundidad. No da tiempo a desarrollar un argumento, a dar ejemplos concretos, a añadir los matices que hacen que un texto merezca leer. Los posts de menos de mil palabras suelen ser una publicación de red social alargada: no aportan el formato blog.

Más largo que doce minutos, los lectores abandonan. Un post de cuatro mil palabras requiere un compromiso que poca gente va a asumir para un blog que no conocen. Las excepciones son los tutoriales técnicos muy específicos, donde alguien viene con una duda concreta y quiere la respuesta completa. Pero el formato general no aguanta esa longitud.

Dos mil palabras suelen ser el punto medio: suficiente para decir algo sustancial, corto suficiente para que alguien lo lea en una pausa del café.

Para medirlo yo uso un estimador simple: palabras totales divididas por doscientas, con un redondeo al minuto entero. Doscientas palabras por minuto es el ritmo de lectura medio para textos en español de complejidad moderada. Si el post es técnico y denso, baja a 180; si es narrativo y ligero, sube a 240. Pero de base uso 200 y me ahorro afinar por post.

Regla 7: una imagen principal y entre una y cuatro contextuales

Cada post tiene una imagen principal (la que aparece como hero en la cabecera y en las redes sociales) más entre una y cuatro imágenes contextuales dentro del cuerpo del texto.

La principal cumple dos funciones: establecer tono visual en la página del post y servir como miniatura al compartir en redes. Tiene que ser atractiva independientemente del contexto, porque puede aparecer recortada en Twitter o WhatsApp.

Las contextuales sirven para romper el texto visualmente y para reforzar un punto concreto. En un post sobre un bar, una foto del plato. En un post sobre amigos, una escena que evoque el momento. No son decoración: idealmente cada imagen añade contexto real al párrafo adjacente.

Foto del paseo marítimo de La Cala al atardecer

La convención física que sigo: la imagen principal vive dentro del directorio del post (page bundle), no en una carpeta global. Las contextuales también van dentro del directorio del post, salvo que se reutilicen en varios posts (algo que casi nunca ocurre). El directorio del post contiene el markdown y todas sus imágenes, autocontenido. Cuando borras un post, se borra todo junto. Cuando renombras el slug, las imágenes se mueven con él.

Regla 8: front matter explícito y predecible

Cada post empieza con un bloque YAML con los campos obligatorios en el mismo orden: title, description, date, tags, categories, slug, image, image_alt, y opcionalmente draft. Este orden no es arbitrario: es el orden en que yo los pienso al empezar a escribir.

Primero el título, luego la descripción (que termina siendo la meta-description SEO y también el texto de OpenGraph). Después la fecha, que define cuándo se publicará. Tags y categoría para la taxonomía. El slug explícito para controlar la URL. La imagen y su alt para la parte visual y accesibilidad. Y el draft al final, que es lo que cambia de true a false cuando decido que está listo.

Que todos los posts tengan la misma estructura de front matter facilita el trabajo mental: sé exactamente qué rellenar antes de escribir el cuerpo. Cuando un post no tiene description, o no tiene image_alt, es porque lo he redactado con prisa y está incompleto. El esquema fijo también hace trivial la validación automatizada: un script sencillo puede comprobar que todos los campos estén presentes antes de desplegar.

Regla 9: page bundles siempre que haya imágenes

El servidor del blog admite dos formas de organizar un post: como fichero suelto (slug.md) o como directorio con su propio index.md (slug/index.md). El fichero suelto es para posts sin imágenes propias; el directorio es para posts con imágenes (page bundle).

Mi regla: si el post tiene imagen, siempre page bundle. Es más verboso pero es consistente. Cuando un post que era fichero suelto pasa a tener imagen, se convierte a directorio. No mezclamos los dos formatos para el mismo tipo de contenido.

Esto tiene la ventaja que ya mencioné: los recursos viven junto al post. Al mover, borrar o exportar un post, se arrastra todo su contenido. No hay referencias huérfanas en una carpeta global.

Regla 10: publicación diaria, nunca el día mismo

El scheduler del blog publica un post al día automáticamente, cuando la fecha en el front matter llega. Yo escribo con días de antelación (idealmente una semana). Nunca escribo el post del día el mismo día: si lo hiciera, tarde o temprano una tarde mala me pillaría sin nada que publicar, y entonces o publico algo flojo o rompo la cadencia.

Este adelanto tiene otra ventaja: permite revisar el post con distancia. Escribes un martes, lo dejas reposar, vuelves el viernes y lo corriges con ojos nuevos. La mayoría de los errores de un post se ven a los tres días, no al escribirlo.

Regla 11: la regla cero es publicar

Todo lo anterior son reglas útiles pero secundarias frente a la primera: publicar. Un post correcto publicado vale más que un post excelente inédito. Si una semana no me da la vida para cumplir con todas las reglas, bajo la vara pero publico igual. Si un post no alcanza las dos mil palabras pero está bien, lo publico a mil quinientas. Si un sábado no tengo una historia de comida lista, publico otra cosa.

La disciplina de publicar regularmente es lo único que genera el hábito. Las reglas son herramientas para hacerlo más fácil y más consistente, no obstáculos para usar como excusa. Cuando la regla se interpone entre publicar y no publicar, pierde la regla.

Este post es, en sí mismo, una aplicación de las reglas. Tiene categoría Personal, cinco tags, entre siete y doce minutos de lectura, imagen principal y contextuales dentro del bundle, front matter en el orden habitual. Si alguien me preguntara cómo escribir un post para este blog, le daría este post como respuesta.

Con suerte, dentro de un año volveré a leer estas reglas y algunas seguirán vigentes, otras habrán cambiado con la práctica, y habrá alguna nueva que hoy no se me ocurre. Es lo bueno de escribirlas: no tienen que ser definitivas, solo claras. Con eso basta para funcionar.