Hoy hace un mes que empecé a publicar un post diario en este blog. Treinta días consecutivos, treinta piezas, treinta momentos en los que he tenido que decidir sobre qué escribir, cómo empezarlo y cuándo dar un texto por terminado. El experimento tiene una lógica sencilla: llevaba años diciéndome que quería escribir más y no lo hacía. Cuando algo no sale solo, la única forma que conozco de arrancarlo es convertirlo en obligación pública. Este post es el balance de ese mes. Qué esperaba y qué no Empecé con dos miedos claros. El primero, quedarme sin ideas a la semana....
Hay planes con los colegas que funcionan a medias y planes que no fallan nunca. En la categoría de los que no fallan, para mí siempre ha estado el mismo: un domingo por la mañana, cuatro o cinco amigos, una ruta de campo que no sea extenuante, una pausa a mediodía con bocadillo y cerveza, y vuelta a casa a media tarde. Llevo haciéndolo desde que tenía veintipocos y no me he cansado todavía. Este post es mi intento de explicar por qué. Qué tiene de especial el campo El campo, como escenario para un plan con amigos, tiene tres...
A los veintitantos, el tapeo era un maratón. Salías el sábado a las dos de la tarde, parabas en el primer bar para una caña y un montadito, te ibas al segundo para otra caña y dos tapas, al tercero para una tapa grande y una tónica, y así hasta las ocho de la noche encadenando sitios, cervezas y calorías con una alegría que no me explico cómo sobrevivíamos. Luego cenábamos. Luego salíamos. Volvíamos a casa de madrugada y al día siguiente, a las doce, ya estábamos otra vez en el bar. A los cuarenta y tantos, el tapeo es...
Hay una parte de la Costa del Sol que resiste. No resiste de manera consciente, como si alguien estuviera en un comité diciendo "no os rindáis, que no se pierda"; resiste porque la gente sigue haciendo lo que hacía antes, por costumbre. Una de las formas en que se manifiesta esa resistencia es en el desayuno molinero: el desayuno tradicional campesino de la zona, compuesto por pan rústico, aceite de oliva virgen extra, sal, y a veces tomate rallado o ajo. Nada más. Y a veces, un café de puchero o un cortado. En 2026, con el brunch instalado en...
Tercera entrega de la serie ClickHouse desde cero a pro. Tiempo de lectura estimado: 12 minutos. Ya tienes ClickHouse funcionando (entrega I) y sabes diseñar tablas con tipos adecuados y MergeTree bien pensado (entrega II). Ahora toca la parte divertida: escribir consultas que, con PostgreSQL, no te habrías planteado ni intentar. Este post no pretende listar todas las funciones (hay cientos), sino mostrar las familias que más usarás y las que te van a sorprender si vienes del SQL tradicional. Si aún no tienes claro por qué ClickHouse puede ser necesario en tu stack, léete ClickHouse para desarrolladores que vienen...