Hace unas semanas conté por qué este blog no tiene base de datos, y la conversación que describía allí tiene una segunda parte que también se repite siempre. Cuando el interlocutor asume que no hay base de datos, respira, y pregunta lo siguiente: «vale, ¿pero en qué lo tienes containerizado?». En nada. «¿Ni un docker compose?». Ni eso. El despliegue completo de este blog es un rsync y un systemctl restart. No hay imagen, no hay registro, no hay Dockerfile, no hay compose. Y como la vez anterior, no es una postura: es que para este problema concreto el contenedor...
Tengo un grupo de WhatsApp que se llama, hoy, «La Junta». Antes se llamó «Cena viernes 12», y antes de eso «Nos vemos ya coño», y antes de eso algo relacionado con una despedida de soltero de la que no voy a dar detalles. Los nombres de un grupo son su estratigrafía: si excavas, sale la historia entera. Somos siete. Uno no escribe nunca —lleva sin escribir, calculo, dos años—, pero lo lee todo, porque cuando quedamos hace referencias a conversaciones en las que no participó. Otro manda audios de cuatro minutos. Otro manda exclusivamente memes, jamás una frase propia,...
Hay una línea en el repositorio Debian de Spotify que cuenta toda la historia mejor de lo que voy a contarla yo. Es el campo Depends del paquete spotify-client, y dice esto: Mira libgbm1. Mira libnss3. Mira libxshmfence1. Esas no son las dependencias de un reproductor de música: son las dependencias de Chromium. Gestión de búferes de GPU para compositar, la pila criptográfica de Mozilla que usa el navegador de Google, primitivas de sincronización de memoria compartida entre procesos de render. Lo que instalas cuando instalas Spotify en Debian no es un reproductor. Es un navegador que, entre otras cosas,...
Hace cuatro años me senté un domingo por la tarde con una hoja de cálculo abierta y el propósito muy serio de duplicar la facturación. Salieron veintidós ideas. Subir tarifas un quince por ciento. Empaquetar como producto la parte de aprovisionamiento que ya tenía medio hecha. Ir a dos ferias. Meter un plan de soporte gestionado. Contratar a alguien de comercial a media jornada. Escribir en LinkedIn dos veces por semana. Todas razonables. Todas ejecutables. Ninguna estúpida. Dos años después facturaba prácticamente lo mismo y trabajaba bastantes más horas. El problema no fue ninguna de las veintidós. El problema fue...
Llevo escritos unos cuantos domingos sobre la amistad adulta: la cerveza semanal, las sobremesas sin reloj, quedar sin motivo, volver a ver a los de toda la vida. Todos tratan del mismo problema: cómo se conserva lo que ya tienes. Que es difícil, y por eso da para tantos domingos. Pero hay una pregunta que llevo tiempo esquivando porque no tengo una respuesta cómoda, y es la otra mitad del asunto: ¿cómo se hace un amigo nuevo a los cuarenta y muchos? No hablo de conocidos. De conocidos vamos sobrados: gente del trabajo, padres del colegio, vecinos, el del taller,...