Hay planes con los colegas que funcionan a medias y planes que no fallan nunca. En la categoría de los que no fallan, para mí siempre ha estado el mismo: un domingo por la mañana, cuatro o cinco amigos, una ruta de campo que no sea extenuante, una pausa a mediodía con bocadillo y cerveza, y vuelta a casa a media tarde. Llevo haciéndolo desde que tenía veintipocos y no me he cansado todavía. Este post es mi intento de explicar por qué. Qué tiene de especial el campo El campo, como escenario para un plan con amigos, tiene tres...
A los veintitantos, el tapeo era un maratón. Salías el sábado a las dos de la tarde, parabas en el primer bar para una caña y un montadito, te ibas al segundo para otra caña y dos tapas, al tercero para una tapa grande y una tónica, y así hasta las ocho de la noche encadenando sitios, cervezas y calorías con una alegría que no me explico cómo sobrevivíamos. Luego cenábamos. Luego salíamos. Volvíamos a casa de madrugada y al día siguiente, a las doce, ya estábamos otra vez en el bar. A los cuarenta y tantos, el tapeo es...
Hace un par de años empecé a notar un patrón extraño. Cada vez que tenía un problema importante en el trabajo (una decisión complicada, un cliente difícil, una duda sobre si cambiar de dirección en un proyecto), terminaba resolviéndolo no en la oficina, ni en una reunión, ni en un café con un colega, sino en una cena larga con amigos que no tenían nada que ver con ese problema. Dos copas de vino, dos horas de conversación sobre cualquier otra cosa, y de repente sabía qué hacer. Este post es sobre por qué pasa eso y por qué creo...
Con mis amigos más cercanos, los que llevo conociendo veinte años o más, he establecido en los últimos tiempos un ritual que a primera vista puede sonar cursi pero que funciona mejor que cualquier otra cosa que hayamos intentado: una cerveza los domingos al mediodía, siempre que podemos, sin agenda, sin planes posteriores, sin compromiso de que pase nada interesante. Y desde que lo hacemos, tengo la sensación de que las amistades están mejor que nunca. Esto merece una explicación, porque yo mismo habría dicho hace cinco años que esta idea era innecesaria. Lo que creíamos a los veinte Cuando...