Todo grupo de amigos que haya sobrevivido a los cuarenta conoce el problema, aunque nunca lo haya formulado en voz alta: ¿en casa de quién? Quedar en un bar está bien para dos horas, pero un bar no admite niños mojados, ni sobremesas de cinco horas, ni que el volumen del grupo suba como sube cuando estamos todos. Y quedar en casa de alguien significa que ese alguien —y sobre todo su casa— paga el pato: limpieza antes, limpieza después, la nevera arrasada, el vecino de abajo. Resultado: las reuniones grandes se espacian, porque nadie tiene el cuerpo para ofrecer...
En mi armario hay una balda entera de camisetas dobladas. Blancas, negras, azul marino, gris, verde botella. Y de vez en cuando, en medio de esa sobriedad, una amarillo chillón o una naranja que se ve desde la otra punta de Fuengirola. Todas tienen tres cosas en común: son lisas, son de un solo color y ninguna me ha costado un disgusto. La mayoría vienen del Decathlon, donde las básicas no llegan a cinco euros y pocas pasan de diez. Mis hijas se ríen de mí por esto. «Papá, vas siempre igual.» Y tienen razón. Voy siempre igual. Lo que...
En la vida adulta casi todas las quedadas con amigos tienen un motivo: un cumpleaños, una despedida de soltero, una boda, una cena por alguien que está de paso. Los motivos facilitan organizar: hay una razón, una fecha, un plan. Pero se pagan con un coste que casi nadie ve: las quedadas con motivo son siempre sobre algo, y ese algo absorbe la mayor parte de la atención. Reunirse sin motivo es raro, más valioso, y cada vez más difícil de conseguir. Este post es mi defensa de la quedada porque sí. Qué es una quedada sin motivo Una quedada...
Hay una categoría de amigos que la vida adulta, con sus desplazamientos y sus calendarios, vuelve geográficamente lejana pero que siguen siendo, en lo importante, los más cercanos. Son los amigos de toda la vida: los del colegio, los del instituto, los de los primeros trabajos. Los ves dos o tres veces al año si vives en ciudades distintas, y sin embargo cuando te reúnes con ellos tienes la sensación de que el tiempo no ha pasado. Este post es una reflexión sobre por qué esas amistades son tan resilientes, y por qué siguen mereciendo el esfuerzo que cuesta mantenerlas....
Hace un par de años empecé a notar un patrón extraño. Cada vez que tenía un problema importante en el trabajo (una decisión complicada, un cliente difícil, una duda sobre si cambiar de dirección en un proyecto), terminaba resolviéndolo no en la oficina, ni en una reunión, ni en un café con un colega, sino en una cena larga con amigos que no tenían nada que ver con ese problema. Dos copas de vino, dos horas de conversación sobre cualquier otra cosa, y de repente sabía qué hacer. Este post es sobre por qué pasa eso y por qué creo...