Hay una oreja de cerdo en Las Lagunas de Mijas por la que merece la pena cruzar Mijas entera. Está en la pizarra de la peña flamenca El Gallo, en el Camino de las Cañadas, escrita a tiza entre platos más fotogénicos que ella. Este post es una oda, y las odas se escriben a lo que las merece. Pero antes de cantar hay que ajustar cuentas, porque la oreja a la plancha es uno de los platos más maltratados de la barra española, y no se puede explicar por qué esta es extraordinaria sin explicar antes por qué casi...
Cada año, hacia finales de julio, alguien me hace la misma pregunta: «¿Y vosotros este año dónde os vais?». Y cada año doy la misma respuesta, que provoca la misma cara de extrañeza: a ningún sitio. Vivo en Mijas Costa, a un paseo de la playa, en el sitio exacto al que media Europa está haciendo la maleta ahora mismo. Irme de vacaciones de aquí en agosto tendría algo de contrasentido logístico: reservar con meses de antelación, conducir seiscientos kilómetros y hacer cola en otra costa para conseguir una versión probablemente peor de lo que ya tengo en la puerta...
Vivo en Mijas Costa, y eso significa que vivo dentro de un fenómeno que la mayoría de España solo ve dos semanas al año. Aquí el turismo no es una temporada: es el clima. Sube y baja como una marea —más alta en agosto, más baja en noviembre—, pero nunca se retira del todo. Y como toda marea, mueve cosas: trae dinero, trae trabajo, trae gente, y a la vez arrastra, erosiona y va cambiando la forma de la costa sin que te des cuenta, hasta que un día miras la calle de siempre y ya no es la calle...
Todo grupo de amigos que haya sobrevivido a los cuarenta conoce el problema, aunque nunca lo haya formulado en voz alta: ¿en casa de quién? Quedar en un bar está bien para dos horas, pero un bar no admite niños mojados, ni sobremesas de cinco horas, ni que el volumen del grupo suba como sube cuando estamos todos. Y quedar en casa de alguien significa que ese alguien —y sobre todo su casa— paga el pato: limpieza antes, limpieza después, la nevera arrasada, el vecino de abajo. Resultado: las reuniones grandes se espacian, porque nadie tiene el cuerpo para ofrecer...
Cierro la serie con Estepona. La he dejado para el final no por descarte, sino porque es la que mejor he visto evolucionar en los últimos diez años. Cada vez que voy, encuentro algo nuevo: una calle peatonalizada, un mural enorme en una medianera, un parque renovado, un tramo de paseo extendido. Estepona ha decidido cuidarse a sí misma de una manera que pocos municipios de la costa han sabido hacer. La pregunta es si esa Estepona cuidada me funcionaría a mí como sitio para vivir. Qué es Estepona Estepona está al oeste, ya casi camino de Manilva y Sotogrande....