Tecnofeudalismo (I): el libro que sostiene que el capitalismo ha muerto
Hay libros que te dan un dato nuevo y libros que te dan unas gafas nuevas. Con los primeros aprendes algo; con los segundos, durante unas semanas, no puedes mirar nada sin verlo a través de ellos. El Tecnofeudalismo de Yanis Varoufakis es de los segundos. Desde que lo terminé, cada vez que pago la cuota de una plataforma, subo una foto o veo a un compañero de oficio pelearse con la comisión de una tienda de aplicaciones, oigo una vocecita que dice: eso no es un mercado, eso es un feudo.
Esta serie va a ser larga —diez posts, uno al día— porque el tema lo merece y porque quiero hacerlo con calma: explicar la tesis con honestidad, dar los datos que la sostienen, dar también las críticas que la ponen en duda (que las hay, y buenas), y aterrizarlo todo en lo que yo veo desde mi silla: la de alguien que lleva más de veinticinco años construyendo software y sistemas, buena parte de ellos encima de las plataformas de las que habla el libro.
Empecemos por el principio.
Quién es Yanis Varoufakis
Para quien no lo ubique: economista griego, profesor universitario con carrera larga en Inglaterra, Australia y Grecia, y protagonista de uno de los episodios políticos más tensos de la Europa reciente. Entre enero y julio de 2015 fue ministro de Finanzas de Grecia en el primer gobierno de Syriza, en plena negociación del rescate: el hombre que se sentó frente al Eurogrupo a discutir la deuda griega, con chaqueta de cuero y sin corbata, mientras su país hacía cola en los cajeros. Dimitió tras el referéndum de aquel verano, cuando el gobierno aceptó unas condiciones contra las que él había hecho campaña. De aquella experiencia salió un libro de memorias políticas (Adults in the Room, en español Comportarse como adultos) que se lee como un thriller y que recomiendo con independencia de lo que uno opine de su política. Después fundó el movimiento paneuropeo DiEM25, y desde entonces compagina la política con una producción constante de libros de divulgación económica.
Digo todo esto porque conviene saber desde dónde escribe: Varoufakis es un economista de izquierdas, marxista heterodoxo confeso, y un polemista nato. No es un observador neutral, y él sería el primero en reírse de la idea de que tal cosa exista. A mí, que en cuestiones económicas soy bastante menos vehemente que él, eso no me estorba: los libros con tesis fuerte se discuten mejor que los libros tibios. Pero queda dicho, porque esta serie va a tomarse el libro en serio, y tomarse en serio un libro incluye saber quién lo firma.
El libro
Technofeudalism: What Killed Capitalism se publicó en 2023; en español lo tienes como «Tecnofeudalismo: el sigiloso sucesor del capitalismo» (Deusto, traducción de Marta Valdivieso). Está escrito, como casi todo lo suyo, en un registro deliberadamente accesible: el libro entero es una larga carta a su padre, un ingeniero metalúrgico comunista que le hizo de niño una pregunta que estructura todo el texto: ¿el ordenador será una bendición o una maldición para los trabajadores?
La tesis central cabe en dos frases y por eso es tan incómoda: el capitalismo ya ha muerto, y lo que lo ha sustituido no es el socialismo con el que soñaba su padre, sino algo con rasgos de un sistema anterior: el feudalismo. Un puñado de plataformas tecnológicas —Amazon, Apple, Google, Meta, Alibaba— ya no funcionan como empresas capitalistas clásicas que compiten en mercados: son el mercado. Han sustituido el beneficio por la renta, la competencia por el peaje, y a los clientes y trabajadores por algo que Varoufakis llama, con toda la intención, «siervos de la nube».
Cada una de esas afirmaciones necesita explicación y matiz, y para eso está la serie. Pero quiero dejar clara desde ya la ambición del libro, porque es lo que lo separa de la literatura habitual de «crítica de las Big Tech»: Varoufakis no dice que el capitalismo se haya vuelto más duro, más concentrado o más injusto. Dice que ha mutado en otro sistema distinto, como el feudalismo mutó en capitalismo hace tres siglos, y que seguir llamándolo capitalismo nos impide entender las reglas nuevas del juego que ya estamos jugando.
Por qué me toca de cerca
Podría leer este libro como se lee un ensayo de actualidad: con interés y distancia. No puedo. Llevo un cuarto de siglo ganándome la vida dentro del paisaje que describe.
He visto a las operadoras de telecomunicaciones —mi sector— pasar de ser las dueñas indiscutibles de la voz y los mensajes a ser la tubería muda por la que circulan los servicios de otros, que no pagan la tubería. He visto a clientes con negocios sólidos convertirse en dependientes de la comisión, el algoritmo y el humor de plataformas a las que no pueden renunciar porque «ahí están los clientes». He administrado infraestructura en nubes ajenas sabiendo que el día que ese proveedor estornuda, medio internet se resfría. Y he tomado, casi por instinto, pequeñas decisiones en dirección contraria: este blog son ficheros de texto en un servidor que administro yo, sin base de datos, sin plataforma, sin más señor que el registrador del dominio.
Cuando el marco teórico de un libro explica cosas que llevas años viendo sin nombre, hay dos posibilidades: que el marco sea bueno o que sea una de esas teorías-imán que lo explican todo y por tanto no explican nada. Averiguar cuál de las dos es, con honestidad y sin fervor de converso, es el propósito de esta serie.
El plan de la serie
Diez posts, uno al día a las diez de la mañana:
- Esta presentación.
- La tesis: qué mató al capitalismo según Varoufakis, y por qué dice que nadie dio el parte de defunción.
- El capital en la nube: el concepto central del libro, y en qué se diferencia del capital de toda la vida.
- Renta contra beneficio: la distinción económica que sostiene todo el edificio, con los números de las comisiones encima de la mesa.
- Siervos de la nube: el trabajo gratis que hacemos todos, cada día, sin considerarlo trabajo.
- El dinero barato: 2008, los bancos centrales y la financiación del castillo.
- Vasallos y proles: qué papel juegan en el feudo las empresas normales y los trabajadores de plataforma.
- Las críticas: Morozov, Durand, Wark y los economistas que sostienen que esto sigue siendo capitalismo de toda la vida. El post que me obligué a escribir para no hacerme trampas.
- Desde dentro del feudo: lo que ve un ingeniero de VoIP y DevOps que lleva veinticinco años pagando peajes.
- Salidas: las propuestas de Varoufakis, lo que opino de ellas, y mi lista práctica de andar por casa.
Una nota sobre la imagen que abre esta serie
El hero de este post es una miniatura de Las muy ricas horas del duque de Berry, un libro de horas del siglo XV: un campesino ara la tierra con sus bueyes en primer plano; al fondo, fuera de plano en este recorte, se alza el castillo del señor. El campesino no es esclavo. Tiene su arado, su yunta, incluso su parcela. Trabaja con técnica y con oficio un campo que produce riqueza cada año. Pero el campo no es suyo, la mejor parte de la cosecha tampoco, y las condiciones no las negocia: le vienen dadas desde el castillo.
Guarda esa imagen. Toda la serie va de averiguar si describe, mejor de lo que nos gustaría, la economía en la que tú y yo trabajamos cada mañana con nuestros teclados por yunta.
Mañana, la tesis: cómo se muere un sistema económico sin que salga en las noticias.
Imagen de portada: detalle del mes de marzo de «Las muy ricas horas del duque de Berry», hermanos Limbourg (c. 1412-1416), dominio público, vía Wikimedia Commons.