Tres libros para entender quiénes somos (I): «Sapiens» y el poder de las ficciones
Hay una promesa que se repite en las listas de recomendaciones: tres libros para volverte ridículamente culto y dejar de pudrirte haciendo scroll. Tiene su gracia, porque esas listas se suelen leer precisamente haciendo scroll. Pero la terna de la que parto no es ninguna tontería: Sapiens, de Yuval Noah Harari; Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, y El gen egoísta, de Richard Dawkins.
Los tres llevan años (décadas, en el caso de Dawkins) en todas las listas de «lo que hay que leer», y comparten algo más interesante que el «ridículamente culto»: cada uno intenta contestar, desde un ángulo distinto, a la misma pregunta. ¿Qué somos y cómo hemos llegado hasta aquí? Harari responde desde la historia, Bryson desde la ciencia y Dawkins desde la evolución.
Así que he tirado del hilo. Me he sentado con las fichas de las ediciones, las reseñas de su día y las críticas que han ido acumulando, y he montado esta pequeña serie, un post por libro. No es un resumen para ahorrarte la lectura: quiero contar qué plantea cada libro, cómo lo argumenta, qué dice de él la gente que sabe del tema y qué ha envejecido bien y qué no, que en divulgación es la pregunta que casi nadie se hace.
El plan es este:
- Hoy, Sapiens: la historia de la humanidad como historia de las cosas que nos inventamos.
- El lunes, Una breve historia de casi todo: del Big Bang a nosotros, contado a través de los científicos que se equivocaron por el camino.
- El martes, El gen egoísta: el libro más malinterpretado de la biología, y el cierre de la serie.
Empecemos por el más vendido de los tres.
La ficha
Sapiens se publicó primero en hebreo, en Israel, en 2011. La versión inglesa, Sapiens: A Brief History of Humankind, llegó en 2014 y fue la que lo convirtió en fenómeno mundial: decenas de millones de ejemplares, traducciones a más de sesenta idiomas y más de tres años en la lista de los más vendidos del New York Times. En español lo publicó Debate en 2014 como Sapiens. De animales a dioses: una breve historia de la humanidad, con traducción de Joandomènec Ros. Hay también una edición ilustrada del décimo aniversario y una versión en novela gráfica.
Yuval Noah Harari (Israel, 1976) es historiador, doctor por Oxford, especialista en historia medieval y militar y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. El libro nació de un curso de introducción a la historia universal que daba allí, y se nota: está escrito como una buena clase, con preguntas, ejemplos de andar por casa y alguna provocación para que nadie se duerma.
Un aviso sobre las citas de este post: las traduzco yo del original inglés, así que no coincidirán palabra por palabra con la edición de Debate.
La pregunta del mono sin garras
La forma habitual de venderlo lo plantea bien: ¿cómo una especie de mono sin garras ni fuerza terminó dominando el planeta? Y añade que la respuesta no es la inteligencia, sino algo mucho más raro. Esa es exactamente la jugada de Harari.
Durante la mayor parte de su existencia, Homo sapiens fue un animal más, que convivía sin destacar con neandertales y otras especies humanas. Algo cambió hace unos 70.000 años, en lo que Harari llama la revolución cognitiva: los sapiens salen de África, llegan a Australia, inventan barcas, arcos y agujas, y tallan figuras como el hombre-león de Hohlenstein-Stadel, un cuerpo humano con cabeza de león tallado en marfil de mamut hace más de 30.000 años. Un ser que no existe.
Para Harari ahí está la clave. Muchos animales se comunican, pero lo nuestro es otra cosa:
«El rasgo verdaderamente único de nuestro lenguaje no es su capacidad de transmitir información sobre hombres y leones, sino la de transmitir información sobre cosas que no existen en absoluto.» — Yuval Noah Harari, Sapiens (traducción mía)
Antes pasa por el cotilleo: apoyándose en Robin Dunbar, sostiene que el lenguaje sirvió primero para hablar de los demás (quién es de fiar, quién roba comida), y que eso da para grupos de unas 150 personas. A partir de ahí hace falta otra cosa, porque nadie puede cotillear sobre un millón de desconocidos.
Las ficciones que nos dejan cooperar
Esa otra cosa son los órdenes imaginados, o ficciones compartidas. Hormigas y abejas cooperan en masa, pero de forma rígida. Lobos y chimpancés cooperan con flexibilidad, pero solo con individuos que conocen. Según Harari, solo los sapiens hacen las dos cosas a la vez: cooperar de forma flexible con un número incontable de desconocidos. Y lo consiguen porque creen en las mismas historias.
Dos desconocidos pueden ir juntos a una cruzada porque creen en el mismo Dios, y dos abogados que no se han visto nunca pueden defender a un tercero porque creen en las leyes y en los derechos humanos. Nada de eso existe fuera de la cabeza de quienes lo creen, y aun así mueve el mundo.
El ejemplo más claro del libro es Peugeot. La empresa no son sus fábricas, porque si se quemaran todas seguiría existiendo, ni sus empleados, porque podría contratar a otros. Peugeot existe porque unos abogados hicieron los rituales correctos y, desde entonces, millones de personas se comportan como si existiera. Los juristas lo llaman, con toda la razón, ficción jurídica.
Y luego está el dinero. Un billete de cincuenta euros es papel, y vale cincuenta euros porque tú lo crees, el panadero también y el banco central se comporta como si lo creyera. Harari lo resume así:
«El dinero es el sistema de confianza mutua más universal y más eficiente que se ha inventado nunca.» — Sapiens (traducción mía)
Esta idea me resulta familiar porque está debajo de media serie que escribí sobre el «Tecnofeudalismo» de Varoufakis. Cuando Varoufakis cuenta cómo los bancos centrales crearon billones de la nada después de 2008 (lo conté en el sexto post), describe justo eso: una ficción compartida gestionada por unos pocos que deciden cuánta confianza imprimir. Y su capital en la nube lo poseen empresas que son, más que nunca, ficción jurídica con servidores detrás. Harari no llega ahí, pero es un buen sitio desde el que mirarlo.
El trigo nos domesticó
La segunda parte del libro es la que más ruido hizo, y con razón. Hace unos 10.000 o 12.000 años, en varios sitios del mundo y de forma independiente, los humanos empezaron a cultivar y a criar animales. La historia escolar lo cuenta como un gran salto adelante. Harari lo cuenta de otra forma:
«La revolución agrícola fue el mayor fraude de la historia.» — Sapiens (traducción mía)
El argumento es que el cazador-recolector medio comía más variado, trabajaba menos horas y enfermaba menos que el campesino que vino después. La agricultura trajo dietas monótonas, espaldas destrozadas, hambrunas, epidemias y jerarquías más duras. Lo que sí trajo fue más gente: más humanos por kilómetro cuadrado, aunque cada uno viviera peor. De ahí otra frase muy citada: no domesticamos el trigo, fue el trigo el que nos domesticó a nosotros. Una gramínea de Oriente Próximo pasó a cubrir medio planeta gracias a unos primates que se partían el lomo para cuidarla.
Es una idea potente y discutible, pero obliga a separar dos preguntas que solemos mezclar: si a la especie le fue bien y si a los individuos también.
Imperios, dinero y el descubrimiento de la ignorancia
Después vienen el dinero, los imperios y las religiones universales como las tres fuerzas que unificaron a la humanidad, y la revolución científica, que Harari define de una forma muy interesante: no como el momento en que empezamos a saber más, sino como aquel en que algunas sociedades se atrevieron a admitir que no sabían. Los mapas medievales rellenaban los huecos con monstruos; los europeos del siglo XVI empezaron a dejarlos en blanco. El libro termina mirando al futuro (ingeniería genética, inteligencia artificial, el fin de los sapiens tal como los conocemos), que es lo que Harari desarrollaría en sus libros siguientes.
Lo que le reprochan
Aquí viene la parte que esas listas no cuentan: entre especialistas, la recepción de Sapiens ha sido bastante más fría que entre lectores. Y no por envidia, que es la defensa fácil.
Galen Strawson, filósofo, lo reseñó en The Guardian en septiembre de 2014. Le reconoce que gran parte del libro es «extremadamente interesante» y que está bien escrito, pero concluye que esas virtudes quedan «arrolladas por el descuido, la exageración y el sensacionalismo». Le reprocha conexiones causales temerarias y datos estirados para que encajen en el relato. Su ejemplo es la batalla de Navarino (1827), que Harari cuenta como una operación para proteger a los tenedores británicos de deuda griega, tras la cual Grecia «por fin era libre». Para Strawson es «tremendamente distorsionado», y Grecia no era libre todavía.
La más dura es la del antropólogo Christopher Hallpike, que pasó media vida con tribus de Etiopía y Papúa Nueva Guinea. En una larga reseña en New English Review (diciembre de 2017) ataca la idea central: llamar «ficción» a la cultura es una forma retorcida de decir algo obvio, que está hecha de ideas compartidas. Pero que algo sea inmaterial no lo convierte en ficticio. Nadie puede tocar el cargo de primer ministro, ni la verdad, ni las matemáticas, y no por eso son cuentos como el ratoncito Pérez. Según Hallpike, Harari confunde lo inmaterial con lo falso. Su veredicto final es demoledor:
«Sería justo decir que, cuando sus datos son en general correctos, no son nuevos, y cuando intenta ir por su cuenta, a menudo se equivoca, a veces gravemente.» — C. R. Hallpike, New English Review, 2017 (traducción mía)
Hallpike propone leer el libro como «infoentretenimiento», y añade, con retranca, que con ese criterio es un libro de muchísimo éxito.
En 2022, la neurocientífica Darshana Narayanan revisó el libro en Current Affairs con colegas de neurociencia y biología evolutiva, y concluyó que sus errores son «numerosos y sustanciales, y no pueden despacharse como minucias». Lo llama «populista de la ciencia»: alguien que cuenta historias muy bien y les quita los matices por el camino.
Y en 2021, El amanecer de todo (Ariel, 2022), del antropólogo David Graeber y el arqueólogo David Wengrow, discutió de frente el relato que Harari comparte con Jared Diamond o Steven Pinker: bandas igualitarias durante milenios y, con la agricultura, la caída en la jerarquía y el Estado. La arqueología reciente, dicen, muestra sociedades que cambiaban de organización según la estación, milenios de agricultura a medias y ciudades sin reyes.
Una nota, porque la he visto mal contada: en 2019 Harari aceptó que en la edición rusa de uno de sus libros se cambiaran los ejemplos críticos con Putin y con la ocupación de Crimea por otros sobre Trump, y lo justificó como la única forma de llegar a lectores rusos. Pero aquello fue en 21 lecciones para el siglo XXI, no en Sapiens. Dice algo del autor, no de este libro.
Lo que ha envejecido bien
Con todo, hay cosas que aguantan. La idea de que mucho de lo que nos parece natural (el dinero, las fronteras, las empresas, algunas jerarquías) es una convención que podría ser de otra manera es una buena vacuna contra el «esto siempre ha sido así». Que «ficción» sea la palabra equivocada no quita que mucha gente descubra con este libro algo que los antropólogos sabían hace un siglo; lo reprochable es presentarlo como hallazgo propio.
También aguanta su manera de preguntar. Mezcla escalas sin pedir perdón y se pregunta lo que los manuales esquivan: si somos más felices que nuestros antepasados, o si el progreso lo ha sido para todos, incluidos los animales de granja. A veces responde mal, pero pregunta bien.
Para quién es, y qué leer después
Si nunca has leído historia «grande», Sapiens es una puerta de entrada estupenda con una condición: leerlo como un ensayo con tesis, no como un manual, con un lápiz en la mano y la ceja levantada. Si ya conoces Armas, gérmenes y acero, de Jared Diamond, que Harari cita como una de sus grandes inspiraciones, encontrarás ideas conocidas contadas con más gracia.
Después hay dos caminos. Uno es seguir con Harari: Homo Deus (el futuro), 21 lecciones para el siglo XXI (el presente) y Nexus (2024, redes de información e inteligencia artificial), todos en Debate. El otro, más sano, es leer a quienes le discuten: El amanecer de todo es largo y exigente, pero es el contrapeso perfecto.
Y un consejo práctico: estos libros están en cualquier biblioteca municipal. Si te gusta, cómpralo después, porque es un libro para subrayar. Ya expliqué por qué sigo comprando en papel.
El lunes cambio de escala: de 70.000 años a 13.800 millones, y de un historiador con tesis a un escritor de viajes que un día se dio cuenta de que no sabía nada del planeta en el que vivía. Será la segunda parte, sobre Una breve historia de casi todo.