Javier Valencia Javier Valencia
Armadura de caballero medieval con peto rojo y cota de malla sobre fondo gris

«El caballero que creyó en sí mismo», de Lucas del Valle

Javier Valencia · · 6 min de lectura · 1 visita · Personal
personal libros lectura desarrollo-personal infantil paternidad opinion reflexion

Me topé con este libro buscando otra cosa, y me quedé enganchado al título antes que a nada. «El caballero que creyó en sí mismo». Hay algo en esa frase que funciona como un pequeño resorte: no es el caballero más fuerte, ni el más valiente, ni el que mató al dragón más grande. Es el que creyó en sí mismo. Toda la promesa del libro está ahí, en el verbo. Y me pareció un buen punto de partida para hablar un rato de un tema que me interesa —cómo se le enseña a un niño a confiar en sus propias fuerzas— y, de paso, para reivindicar una categoría de libros que casi nunca llega a estos sitios: la de los autopublicados.

Qué es y qué no es

Voy a ser transparente desde el principio, porque es parte de lo que quiero contar. El caballero que creyó en sí mismo es un cuento infantil autopublicado en 2025, firmado por un autor llamado Lucas del Valle, del que, honestamente, no hay mucha información pública: no es un nombre de la industria editorial, no tiene una biografía conocida, y lo más probable es que estemos ante un autor independiente que publica por su cuenta. Su subtítulo completo es revelador: «Una historia para niños que aún no saben lo fuertes que son». Son unas 113 páginas, en formato ilustrado, pensado para niños a partir de unos siete años (aunque tira también hacia los padres y educadores).

No lo vas a encontrar en el escaparate de la Casa del Libro ni reseñado en suplementos culturales. Vive donde viven hoy los libros independientes: en Amazon, en algunas librerías online, en Goodreads, donde reúne una valoración alta pero con muy pocos votos —ronda el 4,3 sobre 5 con apenas unas decenas de reseñas—. O sea: no es un superventas consagrado ni una obra avalada por la crítica. Es un proyecto pequeño, reciente, hecho probablemente con más ilusión que estructura detrás. Lo digo no como reproche, sino para que sepas exactamente de qué hablamos. Y porque, como verás, ese hecho a mano es justo lo que me interesa de él.

(Otra honestidad, ya puestos: no he tenido el texto completo en las manos, así que lo que cuento de la historia me apoyo en la sinopsis y en lo que dicen las fichas, no en una lectura página a página. Cuando hable de la trama, es eso. Tampoco voy a ponerte citas textuales del libro, porque no las he podido verificar y prefiero no inventarme nada.)

El planteamiento: una armadura hecha de lecciones

Lo que me ganó del libro es su estructura, que por lo que cuenta su propia sinopsis es de una sencillez muy bien pensada. La historia sigue a Luis, un niño que quiere convertirse en caballero para salvar a su pueblo. Y, a lo largo del viaje, cada capítulo aporta una lección representada por una pieza de la armadura que lo protege. El yelmo, el peto, los guanteletes... cada parte que se va poniendo es, en realidad, una virtud o una herramienta interior que va adquiriendo: el valor, la constancia, la confianza, el dominio del miedo.

Me parece un hallazgo. Porque convierte algo abstracto y difícil de explicarle a un niño —«cree en ti mismo», «no dejes que el miedo te paralice»— en algo físico, visual y acumulativo. Un crío entiende perfectamente que te pongas una pieza de armadura. Entiende que, según te vas equipando, estás más preparado. Y, sin darse cuenta, está aprendiendo que la fortaleza no se tiene de golpe, sino que se construye pieza a pieza. El gran enemigo del libro, además, no es un dragón ni un ejército: es, según el planteamiento, el miedo que vive dentro de la cabeza. Que es, exactamente, el enemigo correcto.

Por lo que se cuenta, el autor reconoce inspirarse en clásicos del desarrollo personal para adultos —el tipo de ideas de Napoleon Hill o Brian Tracy— adaptándolas a un público infantil. Y ahí está, supongo, tanto su virtud como su riesgo, según cómo esté ejecutado: el desarrollo personal para niños es un terreno delicado, que puede salir entrañable o puede salir como un sermón disfrazado de cuento. El planteamiento de la armadura, al menos, va por el buen camino: enseñar a través de la aventura, no a través de la moraleja.

Por qué me interesa

Tengo tres hijas. Las mayores ya son adultas, pero la conversación de fondo de toda la crianza —esa que no se acaba nunca— ha sido siempre la misma: cómo ayudarlas a confiar en sí mismas sin convertirlo en una arenga vacía. Y he aprendido que la palabra «confía en ti» dicha de frente, a pelo, no sirve de gran cosa. Funciona como funciona casi todo lo importante con los hijos: a través de historias, de ejemplos, de metáforas que se les queden dentro y que puedan recuperar solos años después, cuando tú ya no estás delante para recordárselo.

Por eso me gustan los cuentos que hacen este trabajo bien. Un niño no procesa «gestiona tu miedo»; pero sí se acuerda del caballero que tenía miedo y se puso el yelmo igualmente. Esa imagen le va a servir más, a los ocho y a los treinta y ocho, que cualquier consejo directo. Soy de los que creen que lo que de verdad educa son las historias, no las charlas. Por eso he escrito en este blog sobre lo que me enseñaron series y películas: porque las ficciones se cuelan donde el discurso rebota. Un buen cuento de caballeros que en realidad habla de creer en uno mismo es exactamente esa clase de caballo de Troya emocional. Y este, por planteamiento, aspira a serlo.

Una palabra a favor de los libros autopublicados

Aquí viene mi otra razón para dedicarle un post. Yo migré este blog a mano, me lo escribí en Go, me lo mantengo solo. Tengo, por tanto, una debilidad confesa por la gente que hace las cosas por su cuenta, sin una gran estructura detrás, simplemente porque tienen algo que quieren sacar al mundo. Y la autopublicación es justo eso en el terreno de los libros: alguien que escribe una historia, la ilustra, la maqueta y la lanza sin esperar el permiso de una editorial.

Hay que ser honesto: la calidad es desigual. Por cada joya independiente hay muchísimo material a medio cocer, y no tengo elementos para decirte que este libro en concreto sea una obra maestra; sería deshonesto afirmarlo sin haberlo leído entero. Pero sí quiero defender la categoría, y animar a mirar con buenos ojos a quien lo intenta. Un padre o una madre que escribe un cuento para enseñar a los niños a creer en sí mismos, y que tiene el arrojo de publicarlo aun sabiendo que competirá con los gigantes del sector, merece al menos que lo conozcamos. La inmensa mayoría de estos proyectos no llega nunca a una estantería visible. Que existan canales para descubrirlos —y blogs pequeños como este para mencionarlos— me parece sano.

Para quién

Si tienes niños de siete años en adelante y te ronda la cabeza cómo hablarles de la confianza, del miedo o de la perseverancia sin soltarles un discurso, este cuento parece un buen punto de partida: corto, ilustrado, con una metáfora —la armadura que se construye pieza a pieza— fácil de recordar y de retomar en una conversación posterior. Si además eres de los que disfrutan apoyando a autores independientes y proyectos hechos con las manos, razón de más.

Y si no tienes niños cerca, quédate al menos con la idea del título, que vale para cualquier edad: que el caballero que importa no es el que nació fuerte, sino el que decidió creer que podía serlo y se fue poniendo la armadura pieza a pieza. A los cincuenta y muchos, te aseguro que esa lección no caduca. Uno sigue, cada mañana, poniéndose el yelmo.


Imagen de portada: armadura de caballero (siglo XV), colección del Metropolitan Museum of Art, dominio público (CC0).