Javier Valencia Javier Valencia
Cartel italiano de Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore

Las diez mejores películas de mi vida: 1. Cinema Paradiso

Javier Valencia · · 15 min de lectura · 3 visitas · Personal
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Llevo tiempo dándole vueltas a hacer una lista de mis diez películas favoritas. No de las mejores películas de la historia (esa lista ya la han hecho Sight and Sound y unos cuantos más, y yo no soy crítico), sino de las que más me han marcado. Las que veo cada cierto tiempo. Las que cuando aparecen en una conversación me pongo pesado defendiéndolas. Las que recomendaría a alguien si me pidiera "una película para una tarde tranquila" y supiera que tenemos los gustos parecidos.

Diez películas son pocas. Cada vez que intento cerrar la lista se cae alguna y entra otra. Pulp Fiction estuvo dentro y fuera tres veces antes de quedarse fuera, sin rencor. El club de la lucha pasó por aquí y se fue. El laberinto del fauno aguantó hasta el último corte. Apocalypse Now lleva queriendo entrar desde hace veinte años y nunca acaba de hacerlo, no porque no la quiera, sino porque cuando hago hueco para ella se cae La vida es bella y no me parece justo. Esto es lo que tiene una lista cerrada de diez: que es injusta. Pero es la gracia.

Lo que sí tengo clarísimo, y por eso voy a empezar la serie por aquí, es la número uno. Y no, no voy a hacerlo en cuenta atrás. Voy a hacerlo al revés. Voy a soltar la número uno hoy mismo, Cinema Paradiso, y a partir de ahí iré bajando hasta la diez. La razón es muy simple: si te tienen que enganchar diez posts seguidos, mejor que el primero sea el más importante. Si después de leer este te interesa cómo veo el cine, sigues. Si no te engancha, no merece la pena que te leas los nueve restantes. Y si ya conocías el blog y este post te parece un mero "ya está, otra vez con Cinema Paradiso", también te aviso desde el principio, así no pierdes el tiempo.

Aviso justo: ya escribí en su día un ensayo largo dedicado solo a esta película. Me acerco a tres mil palabras en aquel y no quiero repetirme aquí. Lo que vas a leer en este post es otra cosa: el sitio que ocupa Cinema Paradiso dentro de mi top diez, qué la coloca por encima de las otras nueve y qué tienen las diez en común que justifica que estén juntas en la misma serie. Si después quieres más sobre la propia película, allí está el ensayo, con detalles plano a plano, escena a escena, recuerdo a recuerdo.

Cómo se hace una lista honesta de diez películas

Cartel italiano de Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore

Hay dos formas de hacer una lista de diez películas. Una es la lista profesional: la haces con criterio, mirando influencia histórica, técnica, la importancia del director en el cine, el peso cultural, el grado de innovación. Esa lista, si la hago yo, lleva probablemente Ciudadano Kane, Vértigo, 2001: una odisea del espacio, El acorazado Potemkin, Centauros del desierto, Tokyo Monogatari, Persona, Ladrón de bicicletas, El padrino y Cinema Paradiso. Y la lista profesional la dejaríamos ahí. Es una buena lista. La voy a respetar siempre. Pero no es mi lista.

La mía es la otra: la lista honesta. La que no se hace con criterio sino con corazón. La que pone en la lista pelis que te han hecho llorar, que te han acompañado en momentos malos, que has visto con tus padres, con tu pareja, con tus hijas, en cines que ya no existen. La que pone Forrest Gump por encima de Centauros del desierto sin pedir perdón. La que coloca a Cadena perpetua en el segundo puesto aunque "objetivamente" hay películas mejores. La que mete a Amélie aunque media crítica francesa la tildó de cursi. La que pone Doce hombres sin piedad la décima no porque sea la peor de la lista (pelea por ser la mejor del lote en términos de guion) sino porque es la que menos veces revisito. La lista honesta tiene asteriscos, peros, contradicciones. Es como tu vida.

Cinema Paradiso entra en las dos listas. En la profesional y en la honesta. Esa es una de las primeras razones por las que está en el número uno. Hay películas que están en mi lista por sentimiento puro, y hay películas que están porque son obras maestras frías y reconocibles. Cinema Paradiso es las dos cosas a la vez, lo cual no le pasa a casi ninguna otra de la lista (a Casablanca sí, a El padrino también, al resto en distintos grados). Es una película que a la vez te llega al pecho y a la vez se sostiene en cualquier debate sobre técnica, montaje, dirección de actores y banda sonora. No tiene grietas por ningún lado. Eso es muy raro.

Por qué la cabeza de la lista es esta y no otra

Cartel italiano de Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore

He pensado mucho cuál es exactamente la diferencia entre Cinema Paradiso y la siguiente que más quiero, Cadena perpetua. Cadena perpetua es perfecta. La he visto siete u ocho veces. Cada una me sigue funcionando. Su guion es uno de los más sólidos jamás escritos, su última media hora es uno de los mejores cierres de la historia del cine y su frase final ("espero que el Pacífico sea tan azul como en mis sueños, espero") puede competir con cualquier final. Y sin embargo no está en el número uno. ¿Por qué?

La diferencia, cuando me he sentado a desmontarla, es que Cadena perpetua es una película que te conmueve mientras la ves. Cinema Paradiso es una película que te transforma poco a poco después. Cuando termina Cadena perpetua sales del salón con los ojos llorosos y ese subidón de "qué peliculón". Cuando termina Cinema Paradiso te quedas callado un buen rato. Y lo más raro: te queda dentro durante días. La banda sonora te aparece en la cabeza a la mañana siguiente. Una secuencia te asalta cuando ves a alguien en una estación. Te acuerdas de gente con la que perdiste contacto y te dan ganas de escribirles. Eso, para mí, es la marca de la mejor película.

Hay otra razón más concreta. Cinema Paradiso trata, en el fondo, de una idea que me toca personalmente: la de que la persona que eres ahora se la debes a unos pocos individuos muy concretos a los que probablemente no le has dado las gracias suficientes. Alfredo es la persona que le permite a Salvatore convertirse en quien acaba siendo, y la película no se dedica a celebrarlo en vida, sino a reconocerlo cuando ya no se puede. Eso, a mis cincuenta y muchos, me resuena de una manera que no me resonaba a los treinta. La película se ha hecho más mía con los años, no menos.

Y una tercera razón, que es la más mía y la menos discutible: es la película que puso banda sonora a un momento muy concreto de mi vida. La vi por primera vez cuando estaba intentando entender qué quería hacer y dónde quería estar. Estaba a punto de tomar decisiones que afectarían a los siguientes treinta años (con quién iba a estar, dónde iba a vivir, a qué le iba a dedicar mi tiempo profesional). En esa ventana de tiempo, ver Cinema Paradiso fue como recibir una carta de alguien que entendía exactamente por dónde andaba yo. Eso no se compra ni se construye luego. Esa coincidencia entre película y vida, entre lo que ves y lo que estás siendo en ese momento, es irrepetible. Cadena perpetua, El padrino, Forrest Gump las descubrí más tarde, cuando ya estaba más asentado. Cinema Paradiso me pilló en el último vagón de mi propia juventud, cuando todavía podía cambiar las cosas.

Lo que comparten las diez películas

Cartel italiano de Cinema Paradiso (1988), de Giuseppe Tornatore

Si miras las diez películas que iré soltando en las próximas dos semanas, vas a ver patrones. No es casualidad. Te lo adelanto desde aquí porque ayuda a entender por qué he descartado algunas que probablemente esperabas:

Todas hablan de personas, no de plot. Ninguna de las diez te engancha por el twist. La mayoría puedes ver dos veces sabiendo lo que va a pasar y siguen funcionando igual o mejor. Cadena perpetua sabes que se va a escapar y te sigue rompiendo cuando lo hace. Casablanca sabes que se van a separar y te sigue partiendo. El padrino sabes lo que va a hacer Michael y te sigue erizando la piel. Lo que importa en las diez no es qué pasa sino a quién le pasa. Por eso no he metido películas con giros (El sexto sentido, Los sospechosos habituales), aunque me parecen bien hechas. La grandeza, para mí, no está en el truco; está en el carácter.

Todas tienen un peso emocional muy alto. No hay comedias puras. Las que tienen humor (La vida es bella, Forrest Gump, Amélie) son comedias agridulces, que te ríes y al rato te tienes que sonar la nariz. No es que no me guste reírme, pero las películas que se quedan dentro durante años suelen ser las que te tocan algo serio. La risa pura, en mi experiencia, se evapora más rápido. La emoción no.

Todas tienen banda sonora memorable. Esto es accidental pero llamativo. Morricone (Cinema Paradiso, OUTIA), Newman (Cadena perpetua), Steiner (Casablanca), Williams (La lista de Schindler), Silvestri (Forrest Gump), Yann Tiersen (Amélie), Piovani (La vida es bella), Rota (El padrino). Bandas sonoras de las que te acuerdas, que te ponen donde estabas la primera vez que las oíste. La música hace que la película te entre por sitios que no son el ojo, y eso prolonga la huella. Las películas con BSO floja se evaporan más rápido.

Todas son películas que se pueden ver con padres, hijas, amigos. Esto no es trivial. Hay obras maestras que prefieres ver solo (Mulholland Drive, Pequeñas mujeres la del 94 — broma, esa no, pero ya me entiendes). Las diez de mi lista son películas que las puedes poner en el sofá un domingo por la tarde con familia y todos, cada uno desde su edad y desde su momento, sacan algo. Mi hija mayor me dijo de Cinema Paradiso: "papá, esto va de ti". Mi hija pequeña, a una edad mucho más temprana, me dijo de Forrest Gump: "papá, qué pena". Las dos tenían razón. Esas conversaciones, que la película desencadene tres conversaciones distintas en tres edades distintas, vale más que cualquier nota técnica.

Todas tienen final. No es una tontería. Hay un montón de películas modernas que se quedan abiertas, que no resuelven, que dejan al espectador en el aire. Eso a veces funciona y a veces es un truco para no comprometerse. Las diez de mi lista son películas que acaban. Te dejan donde te tienen que dejar. Cinema Paradiso termina con Salvatore mirando la cinta. Cadena perpetua termina en la playa de Zihuatanejo. Casablanca termina con la frase del comienzo de una bonita amistad. El padrino termina con la puerta cerrada. Cada una te entrega un final que cierra lo que la película te estaba contando. Y eso, en mi experiencia, es lo que hace que la película se quede dentro: que tú puedas cerrarla también, no que se te quede pendiente.

Por qué hago esta serie ahora

Una pregunta razonable: ¿por qué publicar diez posts de cine en mayo de 2026, en un blog que va, en general, de tecnología, de Costa del Sol, de hijas, de comer, de Go y de bases de datos? ¿Esto a qué viene?

Tiene su lógica. Llevo varios meses publicando a diario y los lectores que me siguen empezaron a notar dos cosas. Una, que cuando me suelto sobre temas no técnicos (la peña flamenca, los chiringuitos, las hijas, el desayuno molinero) los posts les enganchan más que los técnicos, aunque digan que vienen por lo técnico. Y dos, que hace falta un punto de personalidad en el blog que no se ve cuando paso tres semanas escribiendo sobre PostgreSQL. Esta serie es ese punto. Diez posts seguidos sobre cine es lo más alejado de un manual de Linux que se me ocurre, y eso, después de la racha de Git y de bases de datos, viene bien.

Y hay otra razón más personal. Una de mis hijas (la pequeña) acaba de cumplir una edad en la que ya empieza a sentarse conmigo a ver pelis "de papá", y ha empezado a preguntarme cuáles le tocaba ver. La lista que estoy escribiendo aquí es, también, la respuesta a esa pregunta. Es lo que le voy a poner en el ordenador o en el televisor en los próximos veranos. Es la herencia ligera, no la de bienes raíces, sino la de "estas son las diez películas que tu padre considera que merecen tu tiempo". A mí me la dieron en formato VHS y luego DVD; a ella le va a llegar en formato post.

Cinema Paradiso para alguien que no la ha visto todavía

Voy a hacer una excepción y explicar muy brevemente la película para quien aún no la haya visto, sin contar más de lo que cuenta el cartel y la primera escena. Porque si te tropiezas con esta serie y nunca has oído hablar de Cinema Paradiso, prefiero darte la entrada antes que la solución.

Cinema Paradiso es una película italiana dirigida por Giuseppe Tornatore y estrenada en 1988. Se sitúa en un pueblo ficticio de Sicilia, Giancaldo, durante varias décadas que arrancan en los años cuarenta y llegan hasta los ochenta. El protagonista es un niño, Salvatore Di Vita, llamado Toto, que se hace amigo del proyeccionista del cine local, un hombre mayor llamado Alfredo. La película cuenta la relación entre los dos y, alrededor de esa relación, cuenta la vida del pueblo, el cine como acontecimiento social, la posguerra italiana, la salida del pueblo hacia el mundo, la pérdida y el regreso. Tiene dos versiones: una de algo más de dos horas, que es la que se estrenó internacionalmente y la que ganó el Oscar a mejor película de habla no inglesa, y una de tres horas (Cinema Paradiso: la versión del director), que añade una subtrama amorosa importante.

Mi recomendación sin pestañear: ve primero la corta. Es la que más gente ha visto, la que tiene el ritmo más afinado y la que se queda más limpia en la memoria. La del director está bien para una segunda visita, cuando quieras saber más, pero la primera vez la corta es la perfecta.

Necesitas dos horas y un sofá. No la veas con tu pareja a las once de la noche cansado de un día largo, porque si te quedas dormido en la primera hora pierdes la mitad. Resérvale una tarde de domingo (ningún día como el domingo para esta película), pon el móvil en otra habitación y déjate llevar.

Si lloras, no luches. Lloras lo que tengas que llorar.

Lo que viene en los próximos posts

Como te decía al principio, la serie va al revés. Hoy publico la número uno. A partir del 21 de mayo iré bajando, una a una, hasta el 1 de junio en que cierro con la décima. El orden completo, con fecha de publicación, es este:

  • 21 de mayo: número 2. Una película de los noventa que mucha gente cita como su favorita, y razón no les falta. Esperanza, paciencia, tiempo, amistad masculina sin estridencias.
  • 23 de mayo: número 3. Una saga (sí, voy a meter las dos primeras juntas, no me pidan separarlas). Probablemente la mejor obra sobre familia, poder y traición jamás filmada.
  • 25 de mayo: número 4. Una de las películas clásicas por excelencia. La definición de elegancia en blanco y negro. Sacrificio.
  • 26 de mayo: número 5. Una italiana. Padre, hijo, una historia imposible contada con una ternura insoportable.
  • 28 de mayo: número 6. Una americana. Una pluma volando. Una caja de bombones.
  • 29 de mayo: número 7. Otra de los noventa. Memoria. Una pregunta sobre qué hace humano a un humano cuando todo se rompe alrededor.
  • 30 de mayo: número 8. Otra italiana, esta vez de un director siciliano que no es Tornatore. La película más larga de la lista, y la única en la que el tiempo es, literalmente, el tema.
  • 31 de mayo: número 9. Una francesa. Color, pequeñas alegrías, mirar el mundo torcido. La que más sonríe de las diez.
  • 1 de junio: número 10. Cierro con la más vieja. Blanco y negro otra vez. Una habitación. Doce hombres. Calor.

Si te he intrigado con alguna, suscríbete al RSS y te van llegando. Si después de leer este post ya sabes que esta serie no te va, no pasa nada, dentro de dos semanas vuelvo a hablar de PostgreSQL y volvemos al programa habitual.

Una última cosa, antes de cerrar

A veces, cuando uno hace una lista de favoritos, se siente la necesidad de disculparse por no incluir a Kubrick, a Bergman, a Kurosawa, a Scorsese (sí, está en la lista pero por Goodfellas, no, espera, Goodfellas no entra; me explico en otro post), a Hitchcock, a Tarantino, a Almodóvar, a los Coen, a Linklater, a Malick. Y a tantos otros que se quedan fuera. No me voy a disculpar. Una lista de diez es lo que una lista de diez tiene que ser: dejar fuera mucho más de lo que mete. Si la hiciera de cien sería más justa, pero también sería ilegible.

Lo que sí quiero decir es que esta lista no pretende ser definitiva ni objetiva. Es mía, escrita en mayo de 2026, con cincuenta y muchos años, después de cuarenta años viendo cine. Si la hubiera hecho hace diez, habría salido distinta. Si la hago dentro de diez, va a salir otra. Lo único que tengo claro es que la número uno no se va a mover. Y me apuesto contigo lo que quieras a que esa sí se queda.

Cinema Paradiso es la primera porque es la primera. Punto. No hay más debate, al menos en esta cabeza. Y dentro de cinco días empezamos a bajar.

Si no la has visto, búscala. Si la has visto pero hace años, vuélvela a ver antes del 1 de junio, y luego me cuentas. Si la conoces de memoria, te dejo aquí dos minutos del tema principal de Morricone (link de búsqueda, no link directo, por si acaso te llega a este post años más tarde y los enlaces caducan): ponlo, cierra los ojos, y déjate llevar treinta segundos. Esa es la versión más concentrada de por qué esta película es mi número uno.

Nos vemos el día 21, con la número dos.