Javier Valencia Javier Valencia
Retrato de Johann Sebastian Bach pintado por Elias Gottlob Haussmann

Las 10 mejores cosas de Alemania

Javier Valencia · · 4 min de lectura · 46 visitas · Personal
personal cultura ranking alemania series opinion

Cuarta parada de la serie. Achtung: aquí la cosa se pone seria. Alemania no compite en simpatía ni en fotogenia, y aun así vas a ver que su lista aguanta el pulso a cualquiera. Es el país de los cimientos: quita sus diez cosas y se te cae media casa de la civilización.

La lista

1. La Novena Sinfonía. Beethoven, sordo del todo, componiendo la música más afirmativa jamás escrita. El «Himno de la Alegría» es literalmente el himno de Europa, y el gesto de meter un coro en una sinfonía —romper el formato porque el mensaje no cabía— sigue siendo la mayor osadía formal de la música clásica. Alemania domina la música culta como Italia el arte visual, y esto es solo el primer aviso.

2. La imprenta de Gutenberg. Posiblemente el invento más importante del último milenio. Tipos móviles, Maguncia, hacia 1450: el precio de copiar conocimiento se desploma, y sin eso no hay Reforma, ni Renacimiento a escala, ni ciencia moderna, ni prensa, ni este blog. Todo lo que lees desciende de aquel taller.

3. Bach. Puesto propio, separado de Beethoven, porque lo exige la materia. El clave bien temperado, El arte de la fuga, la Pasión según San Mateo: matemática hecha emoción. Del elegido hablo abajo, porque esta lista tiene un final anunciado.

4. La filosofía alemana. Kant, Hegel, Schopenhauer, Nietzsche, Marx. Se puede discrepar de todos —yo discrepo de varios—, pero nadie ha pensado tanto, tan hondo ni tan sistemáticamente. La Crítica de la razón pura es el Quijote de la filosofía: el libro que funda el género moderno y contra el que se mide todo lo posterior.

5. El automóvil. Karl Benz lo patentó en 1886, y su mujer Bertha hizo el primer viaje largo de la historia —a escondidas y con sus hijos— para demostrar que aquello servía. Y luego: el Porsche 911, el Mercedes 300 SL con sus alas de gaviota, BMW. Es la única categoría material donde Alemania le disputa el trono a Italia de verdad: los italianos hacen los coches que se desean; los alemanes, los que funcionan — y de vez en cuando, unos que hacen las dos cosas.

6. La teoría de la relatividad. Einstein, nacido en Ulm y formado en el mundo científico alemán, cambió el espacio, el tiempo y nuestra idea de ambos. Que después el país lo expulsara por judío es la advertencia histórica más clara de lo que un país puede hacerse a sí mismo: el siguiente puesto de esta lista pudo haberse escrito en alemán y se escribió en americano.

7. El castillo de Neuschwanstein. El sueño romántico —y ruinoso— de Luis II de Baviera, tan icónico que Disney lo tomó como modelo para el castillo de sus logos y sus cuentos. Tiene su ironía: el castillo «medieval» más famoso del mundo es del siglo XIX y nació falso. La imaginación también es una obra pública.

8. La cerveza y la Reinheitsgebot. La ley de pureza de 1516 —agua, malta, lúpulo— es una de las normas alimentarias más antiguas del mundo aún en vigor, y la Oktoberfest es su catedral. Alemania trató a la cerveza con la seriedad con la que Francia trató al vino, y ese es exactamente el cumplido que parece.

9. El Fausto. La gran obra literaria alemana: el pacto con el diablo como metáfora del conocimiento insaciable. Con permiso de Kafka —checo, pero escribiendo en alemán— y de Thomas Mann. Goethe además era científico, ministro y coleccionista: el último europeo que intentó saberlo todo y casi lo consigue.

10. La Bauhaus. La trampa final: una escuela que duró catorce años (1919-1933, cerrada por los nazis, otra vez la advertencia) y que diseñó el siglo entero. Tu móvil, tu silla, tu lámpara y la tipografía de tu pantalla siguen obedeciendo sus principios: la forma sigue a la función, menos es más. Pocas ideas tan pequeñas han ordenado tantas cosas.

El elegido: Bach

Por encima de Beethoven, y lo digo sabiendo que es polémico. Bach es el único artista de la historia cuya obra funciona como demostración matemática y como plegaria al mismo tiempo: El arte de la fuga es ingeniería pura; la Pasión según San Mateo te rompe por dentro. Cuando la NASA preparó el disco de oro de las Voyager para presentar la humanidad ante el universo, incluyó tres piezas suyas — y el ensayista Lewis Thomas dejó escrita la broma definitiva: él habría mandado solo Bach, «aunque eso sería presumir». Yo escucho música con menos criterio técnico del que me gustaría, pero sé lo que me hace por dentro, y nada me hace lo que Bach: la sensación simultánea de que todo está calculado y de que todo está vivo.

Mañana, Inglaterra, donde hay pelea gorda: el único país cuya lista incluye a alguien capaz de mirar a Cervantes de tú a tú.


Imagen de portada: retrato de Johann Sebastian Bach, Elias Gottlob Haussmann (1746), dominio público, vía Wikimedia Commons.