Javier Valencia Javier Valencia
Tapeo por el casco histórico de Mijas pueblo

Tapeo por el casco histórico de Mijas pueblo

Javier Valencia · · 6 min de lectura · 2 visitas · Personal
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Mijas pueblo tiene dos caras. La de las postales, con los burros taxi, las casas blancas, los geranios perfectamente colocados y los autocares aparcados en la Virgen de la Peña. Y la que conocemos los que vivimos por aquí: un pueblo pequeño, empinado, con calles que de tres metros en tres metros te cambian la vista, y con un puñado de bares que llevan décadas abiertos y que siguen siendo tan buenos como el primer día.

Este post es sobre esa segunda cara. Una ruta de tapeo como la que hago con amigos un sábado cualquiera cuando no quiero bajar a la costa.

Por qué subir a Mijas pueblo para tapear

Tapeo por el casco histórico de Mijas pueblo

La Cala, Fuengirola o Torremolinos están llenos de bares buenos. No hace falta moverse para comer bien. Pero Mijas pueblo tiene algo que la costa no tiene: es un pueblo, no una urbanización extendida. Las calles son peatonales, los locales llevan abiertos generaciones, los camareros te reconocen si vas una vez al mes. El ritmo es distinto. Comes con más calma.

Además, la temperatura en Mijas pueblo es siempre cinco grados menos que en la costa. En julio, eso marca la diferencia entre disfrutar una tapa en la calle o sudarla. En enero, la diferencia juega en contra; pero hay chimeneas en varios sitios y pasa a ser parte del encanto.

El arranque: cerveza y aceituna en El Mirlo Blanco

Empiezo siempre en el mismo sitio: la plaza de la Libertad. Hay varios bares en la misma plaza, pero mi favorito para arrancar es El Mirlo Blanco. No es el más barato, no tiene la mejor carta, pero tiene la terraza con mejor vista del pueblo. Una caña con una aceituna gordal y estás mirando el mar desde 450 metros de altitud. Es difícil pedir más para empezar una tarde.

La trampa turística aquí es obvia: pedir el menú completo. Es un sitio para la primera cerveza, no para cenar. Una caña, una aceituna, y cuando te has bebido la mitad te levantas y sigues calle abajo. En media hora habrás gastado tres euros y te llevas la mejor vista del día.

Segunda parada: el boquerón en La Alcazaba

Tapeo por el casco histórico de Mijas pueblo

Bajando por la calle San Sebastián, a mitad de cuesta, hay un sitio pequeño, sin cartelería llamativa, con tres mesas dentro y dos fuera: La Alcazaba. Lo lleva una pareja desde hace una eternidad. Él en la cocina, ella en la barra. No hay mucho más.

Aquí lo que se pide es el boquerón, de dos formas: frito y en vinagre. El frito es crujiente, sin aceite de más, con una pizca de sal gorda y limón aparte por si quieres. El de vinagre es cortado fino, con ajo fresco laminado y un chorro justo de aceite. Cuesta cuatro euros y medio la tapa, lo mismo que hace diez años. Con otra caña estás en siete con cincuenta.

Si vas un sábado a las dos y media es difícil pillar mesa. Si vas a las cinco y media la tienes asegurada. Y se come mejor cuando la cocina no va con agobios.

La parada larga: chacina y queso en La Muralla

La Muralla es mi sitio para la tercera parada, la que ya dura más. Es un local antiguo, suelo de baldosa hidráulica, paredes con fotos en blanco y negro del pueblo en los años sesenta, y una barra donde caben unas seis personas con tapas y platitos.

Tienen una carta de chacina cortada a cuchillo que es de las mejores que conozco en la provincia. El jamón ibérico de bellota lo traen de una finca de Cortes de la Frontera. La caña de lomo ibérico es una de esas cosas que pides "solo una" y acabas pidiendo dos. Cuatro lonchas por cuatro euros: no es regalado pero es honrado.

Combínalo con queso curado de oveja manchega (también cortado a cuchillo) y una copa de un rioja joven y tienes una media hora larga sentado sin que pase el tiempo. Aquí es donde la conversación empieza a soltarse y donde se cuentan los chismes y los planes que no se cuentan en una oficina.

Salto de nivel: Kiosko Almendra

Tapeo por el casco histórico de Mijas pueblo

Hay un sitio que mucha gente no conoce y que parece lo que es: un kiosko. Está en la calle paralela a la plaza, cerca del aparcamiento. Se llama Kiosko Almendra. Techo de madera, cuatro taburetes altos, un cocinero que se mueve en un metro cuadrado.

Lo que hacen son montaditos calientes. Pan tostado con tomate y aceite, encima de todo tipo de cosas: presa ibérica a la brasa con cebolla pochada, pulpo con patata y pimentón, bacalao confitado con huevo de codorniz. Cada uno ronda los cinco euros. Son montaditos grandes: con dos y una caña ya estás comiendo.

La cocina es de libro. Nada rebuscado, nada de espumas ni de esferas, pero ejecutado con técnica. Es uno de esos sitios donde te das cuenta de que la diferencia entre algo correcto y algo memorable son cinco minutos más de fuego o una cantidad de sal mejor ajustada.

La terraza para el atardecer: Bar Porras

A partir de las siete y media, si es primavera o verano, hay que subir al mirador y parar en Bar Porras. La terraza mira al sur y con el sol bajando la luz se vuelve dorada. Pides una cerveza, pides unas patatas bravas (aquí la salsa la hacen ellos, no es industrial), y te quedas viendo cómo cambia el color del mar durante veinte minutos.

Este es el momento del día en que Mijas pueblo justifica el viaje. Los turistas se han ido en los autocares, el pueblo se queda vacío, y la luz es la que hace que los fotógrafos paguen por estar en la Costa del Sol.

Para cerrar: el postre que no esperas

Cerrar una ruta de tapeo con postre no es lo habitual. En mi caso siempre termino en Heladería Valverde, en la calle Málaga. Es una heladería pequeña, de las que hacen el helado detrás del mostrador. Los sabores cambian con la temporada: en abril tienen el de yogur con miel de Benamargosa y el de pistacho con sal. Los dos son espectaculares.

Un cucurucho de dos bolas por tres euros y cincuenta céntimos y te lo comes andando hasta el coche. Punto final de la tarde.

Lo que no hago y por qué

Hay cosas que no incluyo en la ruta y que muchas guías sí:

Los restaurantes con "vista panorámica al mar" sobre la calle Carril. Son los más visibles, los más caros y, casi sin excepción, los peores. La calidad del producto baja proporcional al precio de la vista. Me he quemado varias veces, he aprendido.

Los sitios con fotos plastificadas de las tapas en la puerta. Regla universal: si tienen que enseñarte fotos, es porque la calidad no se defiende sola. Los sitios buenos tienen una pizarra o nada.

Los bares que "hacen paella" en paelleras gigantes expuestas a la calle. La paella es un plato que se hace al momento y se come al momento. Lo que está en la paellera grande a las ocho de la tarde es una reconstrucción que nadie pidió.

El presupuesto de la ruta

Una tarde completa por las cinco paradas anteriores, con dos personas, pidiendo algo en cada sitio, suele salir por entre ochenta y cien euros. No es barato, pero tampoco es caro para lo que se come y para el tiempo que se pasa. Si quieres ajustar, reduce a tres paradas en vez de cinco; si quieres subir, pide una media ración más en Kiosko Almendra o en La Muralla.

Por qué esta ruta y no otra

Hay otras rutas posibles en Mijas pueblo. Hay gente que defiende la de la calle Los Caños con bares más pequeños, hay gente que solo va al restaurante El Mesón Asturiano porque es "de toda la vida". Todas son válidas. La mía tiene un criterio que he afinado con los años: priorizar producto sobre decoración, priorizar bares que lleven abiertos décadas, y buscar el equilibrio entre la vista y la cocina.

En Mijas pueblo es fácil pagar por el marco; lo difícil es comer bien. Esta ruta es mi manera de conseguir las dos cosas sin tener que elegir. Si algún sábado te animas a subir, cuéntame después qué tal.