Javier Valencia Javier Valencia
Plato de pescaíto frito con limón

Pescaíto en Los Boliches: guía honesta

Javier Valencia · · 6 min de lectura · 4 visitas · Personal
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Los Boliches es el barrio marinero de Fuengirola, pegado al límite con Benalmádena por el este. Es donde antiguamente descargaban las barcas y donde, durante décadas, estaban las mejores freidurías de la zona. Hoy en día ha cambiado mucho: se ha vuelto más residencial, más turístico, con una torre de apartamentos cada vez más en cada manzana. Pero si sabes dónde mirar, el pescaíto frito sigue siendo bueno, honesto y a precios razonables. Este post es mi guía personal después de vivir doce años por aquí.

Plato de pescaíto frito con medio limón

Qué es el pescaíto frito de verdad

Pescaíto frito, en la Costa del Sol, significa una cosa concreta: pescado pequeño, de la lonja cercana (ideal si es de Fuengirola, válido si es de Málaga), enharinado y frito en abundante aceite caliente. Se sirve con limón y sal gorda, y se come con las manos.

Los pescados clásicos son: boquerón (pequeño, entero), salmonete (mediano, entero), calamar (troceado), chopito (pequeño, entero), puntilla (muy pequeña, en cascada), jurel (mediano, troceado) y pijota (pequeño, la merluza de bebé). La fritura variada es una combinación de tres o cuatro de estos.

El punto crítico es el aceite. Tiene que ser limpio (no reutilizado hasta la muerte), caliente (170-180°C), y de oliva suave o de girasol. Si al llegar el plato el pescado está aceitoso y el papel de debajo es una balsa, el aceite está mal. Si el rebozado está seco pero con un leve dorado, el aceite estaba bien.

Los tres sitios que no fallan

La Freiduría del Puerto

No está en el puerto exactamente, está a dos manzanas. Es un bar pequeño, con cuatro mesas dentro y cuatro fuera, que lleva cuarenta años abierto con la misma familia. El padre freía, ahora frían los hijos con el mismo sistema.

La fritura variada pequeña (para uno) sale por doce euros. Trae boquerón, calamar, salmonete y puntilla. Raciones generosas. El boquerón es de la lonja de Fuengirola cuando hay, de Málaga cuando no. El calamar es troceado gordo, no los aros finos industriales. La puntilla es la prueba definitiva de una buena freiduría: hay que freírla muy caliente y muy rápido para que quede crujiente sin aceitarse, y aquí la bordan.

Pide una caña pequeña y una media ración de boquerón en vinagre para ir abriendo boca mientras llega la fritura. Es lo que hacen los que vienen mucho.

El Faro

Un poco más al oeste, en una calle paralela al paseo. Es más grande que La Freiduría del Puerto, con terraza bastante ancha. La fritura es buena pero lo que me trae aquí es el pescado a la plancha, que no es pescaíto frito sino su primo mayor.

Un pargo a la plancha entero, con ajillo por encima y un vasito de vino blanco de la tierra. Alrededor de veinte euros el pargo y seis el vino. Para dos personas, añadiendo una ensalada mixta y unas patatas al ajillo, te sales por cuarenta euros cada uno con propina. No es barato, pero es una de esas cenas que se recuerdan.

Los domingos cierran. Los lunes también. Ir martes a jueves o domingos en festivo.

El Caballo

Lo pongo en tercer lugar porque es el más informal. Es un bar de barra con unas pocas mesas fuera, no tiene carta escrita (hay pizarra) y la comida se pide al camarero después de ver lo que hay.

Lo que tienen siempre: boquerones fritos, boquerones en vinagre, ensaladilla y gambas cocidas. Lo que tienen a veces: salmonete, pijota, chopito. El precio es el más bajo de los tres (diez euros por una ración de pescaíto decente) y el ambiente es el más auténtico: mezcla de habituales del barrio, algún turista que ha caído ahí casi por casualidad, el camarero gritando las comandas al cocinero.

Si vas con alguien que no conoce bien la zona, es el sitio para mostrarle cómo es comer en un bar de toda la vida.

Terraza de bar en Los Boliches

Qué pido siempre y qué no

Lo que pido siempre:

  • Boquerones fritos: son el plato más honesto de una freiduría. Si están bien, es que la cocina funciona. Si están mal, todo lo demás probablemente también.
  • Boquerones en vinagre (si los tienen hechos en casa): ajo, perejil, aceite bueno, vinagre equilibrado. Es la entrada ideal.
  • Puntilla o chopito (según disponibilidad): la prueba de fuego del freidor.
  • Ensaladilla rusa (si es casera): es el descanso del paladar entre platos fritos.

Lo que nunca pido en freiduría:

  • Gambas rebozadas. Si son gambas, plancha o cocidas. Rebozadas ocultan producto malo.
  • Calamar a la romana (los aros grandes con rebozado grueso). Congelados el 95% de las veces. Mejor el calamar troceado local sin rebozado grueso.
  • Cualquier cosa con salsa. Si la cocina es buena, la salsa es innecesaria. Si la cocina es mala, la salsa es una tapadera.
  • Paella. Ya lo he dicho en otro post. La paella en un chiringuito o en una freiduría es un aviso.

La estacionalidad que casi nadie menciona

Un aspecto que no se habla nunca es que el pescado tiene temporada. El boquerón está mejor en ciertos meses que en otros. Los salmonetes de Málaga tienen sus picos. En Los Boliches, al estar pegados a la lonja de Fuengirola, los sitios serios ajustan la carta a lo que hay.

Preguntar "¿qué es lo fresco hoy?" al camarero tiene dos efectos. El primero es práctico: te dicen lo mejor. El segundo es social: quedas como cliente serio y a partir de ahí te tratan con más atención. Los camareros saben quién pregunta bien y quién no.

Boquerón: lo más constante. Lonja tiene casi todo el año.

Salmonete: mejor de mayo a septiembre. Fuera de temporada es importado y se nota.

Pijota: otoño e invierno.

Chopito: primavera y principios de verano.

Jurel: todo el año, pero espectacular en verano.

La pregunta del precio

Un tema que merece su espacio: los precios han subido. Hace diez años, una ración de pescaíto frito bien servida costaba seis o siete euros. Hoy, en estos mismos sitios, sale por diez u once. Es un aumento del 40-50%, más que la inflación general.

Hay dos razones. La primera es que el pescado de lonja ha subido por menor oferta (la pesca artesanal está en crisis, el número de barcas ha bajado). La segunda es que los costes operativos (aceite, luz, gas, personal) también han subido mucho.

Sigue siendo una comida económica comparada con la mayoría de alternativas. Pero ya no es "lo barato" que era. Es la comida tradicional que ha mantenido calidad al precio que la calidad cuesta.

Lo que no me convence de Los Boliches hoy

No todo lo que pasa en Los Boliches me gusta. Voy a ser sincero sobre un par de cosas:

La gentrificación. En los últimos cinco años han abierto bares modernos con estética de Instagram que venden "tapas creativas" a precios altos. Son correctos pero no encajan con el barrio. No les deseo mal, pero no son lo que me trae a Los Boliches.

La masificación estival. De junio a septiembre, los sitios buenos están siempre llenos. Si no vas antes de las dos o después de las cuatro, no pillas mesa. Y la calidad baja porque la cocina no da abasto.

Los sitios que dependen solo del turismo. Hay establecimientos que abren en junio y cierran en septiembre, con plantilla de temporada y menús plastificados. No tienen ninguna relación con el barrio ni con el producto. Les evito.

La ruta que hago cuando vienen de fuera

Cuando tengo a amigos o familia visitándome y quieren "comer pescaíto de verdad", la ruta es clara: llegamos a Los Boliches sobre las 13:30, tomamos una cerveza con aceitunas en El Caballo en la barra, a las 14:00 nos sentamos en La Freiduría del Puerto para la fritura variada, salimos sobre las 15:30 y cerramos con un helado paseando por el paseo marítimo hasta el puerto.

Es un plan barato (25 euros por persona todo incluido), corto (dos horas), y contundente. Nadie se queja.

Para terminar

Los Boliches no es el sitio más de moda de la Costa del Sol ni el más instagrameable. Es un barrio marinero al que le queda poco de marinero original pero que todavía conserva sitios donde se come pescaíto frito como se ha comido siempre. Esos sitios no son muchos, pero están ahí. Y mientras estén, yo los voy a defender con mis diez euros un sábado al mediodía, porque cuando desaparezcan no volverán.