Clarkson's Farm y por qué los urbanitas deberíamos ver más campo
Jeremy Clarkson compró una granja de 400 hectáreas en los Cotswolds, despidió al granjero que la llevaba y decidió hacerlo él mismo. Sin experiencia. Sin formación. Con toda la arrogancia del mundo y un tractor de un millón de libras que no cabe por ningún camino. De esa premisa absurda salió Clarkson's Farm, que empecé a ver por curiosidad y que se ha convertido en una de las series que más me han hecho pensar.
No es lo que parece

Si solo conoces a Clarkson por Top Gear y The Grand Tour, esperas coches, explosiones y humor de señor británico de sesenta años. Y hay algo de eso, sobre todo al principio. Pero Clarkson's Farm es otra cosa. Es un programa sobre lo difícil que es producir comida, lo injusto que es el sistema que rodea a los agricultores y lo desconectados que estamos los que vivimos en ciudades de la realidad del campo.
Clarkson empieza siendo el payaso que no sabe nada y que hace todo mal. Pero temporada a temporada se transforma en alguien que genuinamente se preocupa por su granja, por sus animales, por sus empleados y por el sector agrario en general. No es un acto. Se le nota. Y esa transformación es lo que hace que el programa trascienda el entretenimiento.
Kaleb y Gerald
Los mejores personajes no son Clarkson. Son Kaleb Cooper, el joven granjero local que le enseña todo, y Gerald, el encargado de los muros de piedra que lleva décadas trabajando en esas tierras y al que nadie entiende porque habla con un acento del campo inglés impenetrable.
Kaleb tiene veintipocos años y sabe más de agricultura que Clarkson sabrá jamás. Es la representación perfecta del conocimiento práctico frente al teórico. Clarkson llega con ideas sacadas de YouTube y Kaleb le dice que no, que así no funciona, y tiene razón siempre. Hay algo reconfortante en ver a un chaval joven ser el experto y al famoso millonario ser el aprendiz torpe.
Gerald es otra historia. Gerald es la conexión con una forma de vida que está desapareciendo. Sabe hacer muros de piedra seca como se hacían hace siglos. No usa tecnología. No necesita tecnología. Tiene un conocimiento transmitido de generación en generación que no está en ningún libro y que cuando él se retire no quedará nadie que lo tenga.
Lo que no sabemos de nuestra comida

Lo que más me ha impactado de la serie es darme cuenta de lo poco que sé sobre la comida que como todos los días. No tenía ni idea de lo que cuesta producir un kilo de trigo. No sabía que un agricultor puede trabajar un año entero y perder dinero porque el precio que le pagan por sus productos no cubre los costes. No sabía que las regulaciones medioambientales, siendo necesarias, a veces son tan contradictorias que hacen imposible cumplirlas todas al mismo tiempo.
Clarkson se enfrenta a todo esto con cámaras delante y lo hace visible. Cuando el supermercado le ofrece treinta peniques por un litro de leche que le cuesta cuarenta producir, no es un dato en un periódico: es un señor cabreado en una reunión real con gente real que le dice que es lo que hay.
Vivo en España, no en Inglaterra, pero las dinámicas son las mismas. Los agricultores producen la comida que comemos todos los días y cobran menos de lo que cuesta producirla. Los márgenes se los quedan los intermediarios y las grandes superficies. Y nosotros compramos la lechuga a un euro sin plantearnos cómo es posible que algo que ha tardado semanas en crecer, que alguien ha sembrado, regado, cuidado y cosechado, cueste menos que un café.
La burocracia como enemigo
Uno de los temas recurrentes de la serie es la burocracia. Clarkson quiere abrir una tienda en la granja para vender sus productos directamente. Le dicen que no. Quiere montar un restaurante. Le ponen trabas. Quiere hacer un lago. Necesita permisos que tardan meses. Quiere plantar un tipo de cultivo. Resulta que hay una regulación que lo prohíbe en su parcela concreta.
No es que las regulaciones sean malas en sí mismas. Muchas existen por buenas razones. Pero la serie muestra con claridad meridiana cómo el exceso de burocracia asfixia a la gente que intenta hacer cosas. Y cómo las normas que se escriben en despachos de la ciudad no siempre tienen sentido cuando las aplicas en un campo de Oxfordshire.
Cualquiera que haya montado un negocio en España se identifica con esto. La sensación de que el sistema no está diseñado para ayudarte sino para que demuestres que mereces que te dejen trabajar. Los formularios, los plazos, las ventanillas, los informes que nadie va a leer. Clarkson lo vive con cara de incredulidad y yo lo veo asintiendo desde el sofá.
La conexión con la tierra

Hay un episodio en el que Clarkson asiste al parto de una de sus vacas y se emociona. El tipo que destruía caravanas con tanques en Top Gear se emociona viendo nacer un ternero. Y no es actuación. Se le quiebra la voz.
Eso dice algo importante sobre lo que nos pasa cuando nos desconectamos de la naturaleza. Vivimos en casas de hormigón, compramos comida envuelta en plástico, no sabemos de dónde viene el agua que sale del grifo y nos parece normal. Pero en algún lugar de nuestro cerebro hay un cable que conecta con la tierra, con los animales, con los ciclos de la naturaleza, y cuando ese cable hace contacto pasan cosas.
No digo que todos tengamos que comprar una granja. Digo que ver Clarkson's Farm me ha hecho más consciente de lo que como, de dónde viene y de lo que cuesta producirlo. Y que esa conciencia, por pequeña que sea, cambia cosas. Cambias lo que compras, dónde lo compras y lo que estás dispuesto a pagar por ello.
Por qué la recomiendo
Recomiendo Clarkson's Farm a todo el mundo, no solo a los fans de Clarkson. A los que viven en ciudades y creen que la comida aparece mágicamente en los supermercados. A los que piensan que el campo es aburrido. A los que no entienden por qué los agricultores protestan. A los padres que quieren que sus hijos vean algo que no sean influencers haciendo el tonto.
Es divertida, es informativa, es emotiva y es importante. Y si después de verla sigues comprando la lechuga a un euro sin pensarlo, al menos lo harás sabiendo lo que hay detrás. Que ya es más de lo que sabías antes.