Javier Valencia Javier Valencia
Vivir en la Costa del Sol sin ser turista

Vivir en la Costa del Sol sin ser turista

Javier Valencia · · 5 min de lectura · 24 visitas · Personal
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Vivo en Mijas Costa, un pueblo de la Costa del Sol a medio camino entre Málaga y Marbella. Cuando le digo a alguien de fuera dónde vivo, la reacción siempre es la misma: "Qué suerte, vivir en la playa, con ese clima". Y tienen razón. Pero también se equivocan, porque vivir en un sitio turístico no es lo mismo que ir de vacaciones a un sitio turístico.

El clima es real

Vivir en la Costa del Sol sin ser turista

Voy a empezar por lo bueno porque es lo que más pesa en la balanza: el clima. No es un mito ni una exageración publicitaria. En la Costa del Sol hay más de trescientos días de sol al año. En invierno la temperatura rara vez baja de diez grados. En un mal día de enero estás a catorce grados con sol y sin viento. Mientras en Madrid están a dos grados y en Bilbao llueve horizontalmente, aquí estás en manga corta tomando un café en una terraza.

Esto parece una tontería pero afecta a todo. A tu estado de ánimo, a tu salud, a cómo organizas el día. Puedes hacer planes al aire libre casi cualquier día del año sin mirar el parte meteorológico. Los niños juegan en la calle en febrero. Sales a caminar en diciembre sin abrigo. El sol te da una base de energía que no valoras hasta que pasas una semana en una ciudad gris.

La temporada alta es un infierno

Dicho esto, de junio a septiembre la Costa del Sol se convierte en otra cosa. La población se multiplica. Las carreteras se atascan. Los restaurantes llenan y bajan la calidad porque total, los turistas vienen una semana y no van a volver a quejarse. Aparcar es un deporte de riesgo. La playa a las once de la mañana ya está imposible.

Los que vivimos aquí todo el año desarrollamos mecanismos de supervivencia. Aprendes a hacer la compra a primera hora. Evitas la AP-7 los sábados. Descubres playas y calas que los turistas no conocen. Vas a la playa a las siete de la tarde cuando la masa ya se ha ido. Y básicamente intentas vivir tu vida normal esquivando a dos millones de personas que han venido a hacer exactamente lo mismo que haces tú el resto del año.

No me malinterpretes: el turismo es el motor económico de esta zona y sin él no habría la mitad de servicios que tenemos. Pero vivirlo desde dentro es agotador. Cuando septiembre llega y la cosa se calma, hay un suspiro colectivo que se oye desde Nerja hasta Estepona.

El coste de vida no es lo que crees

Vivir en la Costa del Sol sin ser turista

Hay una idea de que la Costa del Sol es cara. Y lo es si vives en primera línea de playa en Marbella o en Puerto Banús. Pero si te alejas dos kilómetros de la costa, los precios bajan considerablemente. Mijas Costa, Fuengirola, Benalmádena, Alhaurín... hay opciones para todos los bolsillos.

Eso sí, el mercado inmobiliario se ha vuelto absurdo. La combinación de teletrabajo post-pandemia, nómadas digitales y compradores extranjeros ha disparado los precios del alquiler hasta niveles que no tienen ningún sentido para los sueldos locales. Un piso de dos habitaciones que hace cinco años se alquilaba por seiscientos euros ahora no baja de mil. Y los sueldos no han subido ni de lejos al mismo ritmo.

Es la paradoja de vivir en un sitio deseable: cuanta más gente quiere vivir aquí, más difícil es vivir aquí.

La comunidad internacional

Una cosa que me sorprendió cuando llegué es la cantidad de extranjeros que viven aquí de forma permanente. No turistas: residentes. Británicos, escandinavos, alemanes, holandeses... hay urbanizaciones enteras donde el español es el segundo idioma. Hay supermercados especializados en productos británicos. Hay bares donde solo se habla inglés.

Esto tiene su parte buena y su parte rara. La parte buena es que estás expuesto a culturas diferentes sin salir de tu pueblo. Mis hijas han crecido con compañeros de clase de diez nacionalidades distintas. La parte rara es que a veces te sientes extranjero en tu propio pueblo. Entras en un bar y el menú está en inglés. Le preguntas algo al camarero y te contesta en inglés. Hay zonas donde el comercio local funciona íntegramente en inglés porque su clientela es británica.

Lo que nadie cuenta: la desconexión

Vivir en la Costa del Sol sin ser turista

Lo que más me costó al principio fue la sensación de desconexión. Cuando vives en un sitio donde todo el mundo parece estar de vacaciones, cuesta mantener el foco. El ambiente general es relajado, que está bien, pero a veces demasiado relajado. Si trabajas desde casa, como es mi caso, la tentación de "salir un rato que hace buen día" es constante.

También hay una desconexión cultural. Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia... son ciudades con una oferta cultural enorme. Aquí la oferta existe pero es más limitada. No vas a ver una exposición de primera línea en Fuengirola. Los conciertos grandes pasan de largo. El teatro es escaso. Málaga capital ha mejorado muchísimo en los últimos años, pero queda a cuarenta minutos.

Entonces, ¿merece la pena?

Sí. Sin ninguna duda. Pero no por las razones que piensa la gente de fuera.

No merece la pena por la playa, que al final vas cuatro veces al año. No merece la pena por el chiringuito y las puestas de sol, que son bonitas pero no pagan las facturas. Merece la pena por el día a día. Por salir de casa un martes de noviembre y que haga sol. Por poder caminar por el paseo litoral de La Cala cualquier tarde del año. Por que tus hijos crezcan al aire libre. Por la calidad de vida en las cosas pequeñas que no salen en los folletos turísticos.

Vivir en la Costa del Sol no es vivir de vacaciones. Es vivir en un sitio donde las condiciones base son buenas y eso te da margen para todo lo demás. El clima no resuelve tus problemas, pero hace que sea más fácil enfrentarse a ellos. Y eso, aunque suene simple, marca una diferencia enorme.