Javier Valencia Javier Valencia
El paseo litoral de La Cala de Mijas en 45 minutos

El paseo litoral de La Cala de Mijas en 45 minutos

Javier Valencia · · 5 min de lectura · 7 visitas · Personal
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Me gusta caminar por el paseo litoral de La Cala de Mijas. No lo hago tanto como me gustaría, que es la frase que resume la mayoría de cosas buenas de mi vida, pero cuando lo hago siempre me alegro de haberlo hecho. Cuarenta y cinco minutos caminando a paso normal, sin prisa, sin auriculares, sin mirar el móvil. Solo yo, el mar y lo que sea que me pase por la cabeza.

La salida

El paseo litoral de La Cala de Mijas en 45 minutos

Normalmente empiezo por el lado de La Cala, junto al faro. No es un faro espectacular, no sale en las postales, pero marca el inicio de la ruta y me sirve como punto de referencia mental: cuando lo veo, sé que he empezado.

Los primeros diez minutos son los peores. El cuerpo todavía no ha entrado en ritmo, la cabeza sigue en lo que estaba haciendo antes de salir y hay una voz interna que me dice que tengo cosas más productivas que hacer. Esa voz miente. Nunca, ni una sola vez, he terminado el paseo pensando que habría sido mejor quedarme en casa delante del ordenador.

El paseo empieza pegado a la costa, con el mar a la izquierda y una fila de chiringuitos y restaurantes a la derecha. En invierno la mayoría están cerrados o medio vacíos, que es cuando más me gusta ir. Sin el ruido de la temporada alta puedes oír el mar de verdad. No como sonido de fondo sino como protagonista.

Los primeros quince minutos

Cuando el cuerpo coge ritmo, la cabeza se vacía. No es meditación ni nada parecido, es simplemente que caminar a un ritmo constante tiene un efecto en el cerebro que no consigo con ninguna otra actividad. Los pensamientos dejan de atropellarse y empiezan a desfilar de uno en uno, de forma ordenada.

Es en estos primeros quince minutos donde suelo resolver problemas técnicos que llevaba días dándole vueltas. No porque me ponga a pensar en ellos activamente sino porque al revés: al dejar de pensar en ellos aparece la solución. Es como cuando recuerdas una palabra que tenías en la punta de la lengua justo cuando dejas de intentar recordarla.

El paseo en este tramo pasa por debajo de unos bloques de apartamentos que en verano están llenos de turistas y en invierno parecen abandonados. Hay un contraste raro entre la belleza del mar y la fealdad de algunas construcciones de los setenta que se hicieron sin pensar en otra cosa que en meter el máximo número de camas cerca de la playa. La Costa del Sol es así: belleza natural y brutalismo arquitectónico conviviendo en la misma calle.

La mitad del camino

El paseo litoral de La Cala de Mijas en 45 minutos

Sobre el minuto veinte llegas a una zona más abierta donde el paseo se separa un poco de la costa y hay un tramo con palmeras y bancos. Es mi tramo favorito. Si es por la tarde y hay sol, la luz rasante le da a todo un color dorado que no he visto en ningún otro sitio.

Aquí es donde suelo cruzarme con los habituales. Los hay de varios tipos: la señora que camina con bastón a un ritmo que parece lento pero que lleva haciendo tres kilómetros sin parar. El matrimonio de jubilados británicos con ropa deportiva de colores fluorescentes. El señor que corre con su perro y que parece que el perro lo lleva a él. La pareja joven que va con un carrito de bebé enorme.

Nos saludamos con un gesto de cabeza. No nos conocemos de nada pero compartimos algo: estamos ahí, a esa hora, haciendo lo mismo. Hay una especie de hermandad silenciosa entre la gente que camina a la misma hora. Nunca hemos hablado pero si un día dejo de ir, probablemente alguien lo note.

Los últimos quince minutos

El tramo final es el que tiene las mejores vistas. El paseo sube ligeramente y desde arriba puedes ver la costa en ambas direcciones: hacia Fuengirola por un lado y hacia Marbella por el otro. En un día claro se ve Gibraltar y, si hay suerte, la sombra de la costa africana al fondo.

Es en este tramo donde la mente ya está completamente limpia y empiezan a aparecer las ideas buenas. No las soluciones a problemas concretos, que esas vienen antes, sino las ideas de verdad. Las que conectan cosas que no tenían relación. Las que te hacen pensar "¿y si...?" seguido de algo que no se te habría ocurrido sentado en la silla.

No las apunto. Sé que debería, pero sacar el móvil rompería algo. Confío en que las ideas buenas de verdad sobreviven al paseo y siguen ahí cuando llego a casa. Las que se olvidan probablemente no eran tan buenas.

La vuelta

El paseo litoral de La Cala de Mijas en 45 minutos

La vuelta la hago por el mismo camino. Hay gente que prefiere hacer rutas circulares, pero a mí me gusta volver por donde he venido. Todo se ve diferente en la dirección opuesta. La luz es distinta, los ángulos cambian, te fijas en cosas que a la ida habías ignorado. Es el mismo paseo pero no es la misma experiencia.

Los últimos diez minutos de vuelta son los mejores. El cuerpo está cansado pero de la forma buena, la que te hace sentir que has hecho algo. La cabeza está despejada. Los problemas que antes parecían enormes ahora tienen un tamaño manejable. No es que se hayan resuelto, es que les has quitado el drama.

Por qué no voy más

Me hago esta pregunta cada vez que vuelvo. Si cada vez que voy me siento mejor, ¿por qué no voy todos los días? La respuesta es estúpida pero honesta: porque siempre hay algo "más urgente". Un correo que contestar, un deploy que hacer, un bug que arreglar. La urgencia le gana a lo importante casi siempre.

Pero lo importante sigue ahí cuando lo urgente se resuelve. El paseo sigue ahí. El mar sigue ahí. Los cuarenta y cinco minutos que necesito para limpiar la cabeza siguen siendo cuarenta y cinco minutos. No es mucho. Es mucho menos de lo que pierdo al día en cosas que no importan.

Así que si lees esto y tienes un sitio al que te gusta ir pero al que no vas lo suficiente, ve. Hoy. Ahora. Luego me cuentas.