# Tecnofeudalismo (II): la tesis — cómo se muere un sistema económico sin que salga en las noticias

Segundo post de [la serie sobre el «Tecnofeudalismo» de Varoufakis](/post/tecnofeudalismo-i-presentacion). Hoy toca la tesis central, la frase que hace que el libro se lea con una ceja levantada: **el capitalismo ha muerto y nadie ha dado el parte de defunción**.

## Los sistemas no caen: se deslizan

Lo primero que hace Varoufakis es desmontar una idea que todos llevamos puesta sin examinarla: que los sistemas económicos terminan con un acontecimiento. Una revolución, una guerra, una toma del palacio. Pero la historia real es más sosa y más inquietante: **los sistemas se deslizan de uno a otro mientras todo el mundo sigue usando el vocabulario del anterior**.

El feudalismo no terminó un martes. Durante siglos convivieron señores con rentas de la tierra y una burguesía comercial que iba acumulando otro tipo de riqueza, hasta que un día —imposible de fechar— el centro de gravedad había cambiado: la renta de la tierra seguía existiendo, los aristócratas seguían en sus palacios, pero **la lógica que organizaba la economía ya era otra**: el beneficio de producir y vender en mercados competitivos. Los contemporáneos tardaron generaciones en darse cuenta de que vivían en un sistema nuevo.

La jugada de Varoufakis es aplicar esa misma lente a nuestro presente: ¿y si estuviera pasando otra vez? ¿Y si el capitalismo —mercados y beneficio como instituciones centrales— hubiera sido desplazado ya por otra lógica, y estuviéramos todos usando un vocabulario muerto, como esos aldeanos del siglo XVIII que seguían hablando de señores y vasallos mientras alrededor nacían las fábricas?

## Las dos instituciones que definen el capitalismo

Para sostener que el capitalismo ha muerto hay que definirlo, y Varoufakis lo define por sus dos pilares:

**El mercado** como lugar donde se encuentran compradores y vendedores que compiten entre sí, con precios que emergen de esa competencia.

**El beneficio** como motor: la recompensa de quien produce algo mejor o más barato que su competencia, reinvertida para producir más.

Su afirmación es que ambos pilares han sido sustituidos en el corazón de la economía digital: **el mercado por la plataforma, y el beneficio por la renta**. No abolidos —sigue habiendo mercados y beneficios a millones, como seguía habiendo rentas de la tierra en 1850—, sino **desplazados del centro**: ya no son ellos los que mandan.

## Amazon no es un mercado

El ejemplo canónico del libro, y el que mejor se entiende: entra en Amazon. Parece un mercado, el mayor de la historia, el bazar donde todo se compra y se vende. Pero fíjate en las reglas del sitio.

En un mercado de verdad —la plaza de abastos de toda la vida, [el Mercado Central de Fuengirola](/post/mercado-central-de-fuengirola) del que tanto he escrito—, los vendedores se ven unos a otros, los compradores pasean, comparan, negocian, y nadie decide centralizadamente quién tiene el puesto más visible. En Amazon, **un solo algoritmo, propiedad de una sola empresa, decide qué ves tú, qué no ves, qué vendedor aparece primero y en qué condiciones**. El vendedor no compite en la plaza: compite por el favor del dueño de la plaza, que además —detalle importantísimo— **vende sus propios productos en ella** y conoce todos los datos de todos.

Eso, dice Varoufakis, no es un mercado. Es **un feudo**: un territorio privado donde el señor fija las reglas, cobra por el acceso y puede alterar las condiciones unilateralmente. Cuando entras en Amazon, «sales del capitalismo»: dejas atrás la plaza pública y cruzas el puente levadizo de un dominio privado. Lo mismo vale para la App Store, donde ninguna aplicación existe sin permiso y sin peaje de Apple; para Google, que decide qué parte de internet ves; para las redes de Meta, donde el alcance de lo que publicas lo decide una subasta que no ves.

La palabra clave es que estas empresas **ya no compiten en mercados: son el mercado**. Y el dueño del mercado no necesita ganar la partida, porque pone el tablero.

## De beneficio a renta: el corazón de la tesis

El segundo desplazamiento es más técnico y es el verdadero corazón del libro, tanto que le dedicaré [un post entero](/post/tecnofeudalismo-iv-renta-contra-beneficio). La versión corta:

El **beneficio** capitalista es la recompensa por producir: compro materiales, pago salarios, fabrico algo, lo vendo en competencia con otros, y si lo hago bien me queda un margen. Es una recompensa **condicionada a seguir haciéndolo bien**: si me duermo, la competencia me come.

La **renta** es otra cosa: es la recompensa por **poseer algo por lo que otros tienen que pasar**. El señor feudal no producía nada: poseía la tierra, y quien quisiera trabajarla le entregaba una parte de la cosecha. La renta no premia el hacer, premia **el controlar el acceso**.

La tesis de Varoufakis es que las grandes plataformas viven crecientemente de rentas, no de beneficios: del porcentaje que cobran a cada vendedor por existir en su territorio, del peaje publicitario que cobran a cada negocio por ser visible, de la comisión a cada desarrollador por llegar a los usuarios. Quien produce el valor es otro —el vendedor, el desarrollador, el creador de contenido, tú y yo con nuestros datos—; el dueño de la plataforma **cobra por el paso**.

## ¿Y cuándo murió, exactamente?

Varoufakis pone fechas, aunque borrosas como todas las de los deslizamientos: el proceso arranca con la privatización del internet original —esa red pública, académica y sin dueño que los de mi generación llegamos a conocer— y se acelera de forma decisiva **después de 2008**, cuando los bancos centrales, para salvar el sistema financiero, inundaron la economía de dinero barato durante más de una década. Ese dinero, argumenta, no fue a salarios ni a fábricas: fue a inflar activos y a financiar la construcción de los castillos digitales, empresas que podían perder dinero durante años porque el capital les salía gratis, hasta que sus fosos fueron infranqueables. A ese episodio —central en el argumento— le dedicaré [el sexto post](/post/tecnofeudalismo-vi-el-dinero-barato).

De modo que la cronología del libro viene a ser: el capitalismo industrial agoniza entre 2008 y la pandemia, y lo que emerge de la convalecencia ya no es él. La pandemia, con medio planeta encerrado viviendo y trabajando **a través de** las plataformas, habría sido no la causa sino la ceremonia de coronación.

## Por qué importa el nombre

Una objeción razonable al llegar aquí: ¿y qué más da cómo lo llamemos? Concentración empresarial ha habido siempre; monopolios, también. Standard Oil, AT&T, los ferrocarriles del XIX. ¿No es esto lo mismo con pantallas?

La respuesta de Varoufakis es que **los nombres determinan las herramientas**. Si esto es capitalismo con monopolios, la caja de herramientas conocida sirve: leyes antimonopolio, trocear empresas, multar abusos. Pero si la lógica del sistema ha cambiado —si el poder ya no viene de vender más barato sino de poseer el terreno digital donde vivimos—, entonces trocear un feudo produce feudos más pequeños, no mercados. Las herramientas del siglo XX estarían operando sobre un paciente que ya no existe.

¿Tiene razón? Ese es el pleito de toda la serie, y adelanto que [el post de las críticas](/post/tecnofeudalismo-viii-las-criticas) le va a dar guerra de verdad: hay economistas serios que sostienen que esto es exactamente lo que el capitalismo ha hecho siempre, solo que más rápido y con mejores ingenieros. Pero antes de juzgar la tesis hay que entender su pieza central, el concepto que Varoufakis considera su aportación: **el capital en la nube**. Mañana, [a por él](/post/tecnofeudalismo-iii-capital-en-la-nube).

---

*Imagen de portada: «El triunfo de la Muerte», Pieter Bruegel el Viejo (c. 1562, Museo del Prado), dominio público, vía Wikimedia Commons. Un sistema entero desapareciendo sin que nadie firme el acta.*
