# Las «Meditaciones» de Marco Aurelio antes de leerlas: el cuaderno de un emperador

Los estoicos llevan un tiempo rondando por este blog. Primero fue [Séneca y su carta sobre el miedo al futuro y el recuerdo del pasado](/post/seneca-miedo-al-futuro-y-recuerdo-del-pasado); luego Epicteto, que se coló en [el post sobre guardar silencio](/post/guardar-silencio). Faltaba el más citado de todos: **Marco Aurelio**, el emperador que escribía para sí mismo en los campamentos del Danubio.

Y tengo que empezar con la misma confesión que con [*El idiota*](/post/el-idiota-de-dostoyevski): **no he leído las *Meditaciones***. Así que antes de abrirlas he hecho lo de siempre: ir a las fuentes, ver quién era el que escribía y comprobar si las frases que circulan con su nombre están de verdad en el libro. Esto no es una reseña, sino la preparación de una lectura.

Las citas las traduzco yo, sin pretensiones, de la versión inglesa de George Long (1862), de dominio público, y todas llevan libro y pasaje.

## El que escribía

Marco Aurelio nació en Roma el 26 de abril del año 121. Huérfano de padre desde niño, llamó pronto la atención del emperador Adriano, que jugando con su apellido, Verus, lo apodaba *Verissimus*, «el más verdadero». En el 138, al elegir sucesor a Antonino Pío, Adriano le puso una condición: que adoptara a Marco y al joven Lucio Vero. Marco pasó más de veinte años aprendiendo el oficio a la sombra de Antonino, y en el 161 subió al trono y lo compartió con Lucio.

Hacia el 165, las tropas que volvían de la guerra contra los partos trajeron la **peste antonina**, que el médico Galeno describió en Roma y que probablemente fue viruela; mató a millones de personas. Lucio murió en el 169, quizá de esa misma peste. Y desde el 166 marcomanos, cuados y yácigos cruzaban el Danubio. Las **guerras marcomanas** ocuparon casi todo el resto del reinado, y Marco pasó años en la frontera, en lugares como Carnunto, cerca de la actual Viena. Murió sin volver a Roma, el 17 de marzo del 180, en Vindobona o en Sirmio: las fuentes no se ponen de acuerdo.

## Un cuaderno que no era para nadie

Entre campaña y campaña, más o menos entre el 170 y el 180, Marco fue llenando un cuaderno. No en latín, la lengua del poder, sino **en griego**, la de la filosofía. Y no para publicarlo: son notas para sí mismo. Ha llegado hasta nosotros como ***Ta eis heauton***, algo así como «A sí mismo», un título que probablemente no puso él; lo de *Meditaciones* es todavía más tardío.

Que se conserve tiene algo de milagro. Hacia el año 900 lo cita un obispo bizantino, Aretas de Cesarea. La primera edición impresa salió en Zúrich a finales de la década de 1550, a partir de un manuscrito de Heidelberg que se perdió poco después, y el único manuscrito completo que queda, en la Biblioteca Vaticana, es del siglo XIV.

España, por cierto, tuvo su Marco Aurelio antes que el auténtico. En 1528, fray Antonio de Guevara publicó un *Libro áureo de Marco Aurelio* que decía haber traducido de un manuscrito hallado en Florencia y que era casi todo invención suya. Las frases falsas del emperador vienen de lejos.

El libro tiene doce partes, y la primera es lo último que uno esperaría de un emperador: **una lista de agradecimientos**. Diecisiete entradas sobre lo que aprendió de cada cual; a su maestro Rústico, por ejemplo, le agradece conocer los discursos de Epicteto, que le prestó de su propia colección (I, 7). La entrada más larga es un retrato de Antonino Pío como modelo de gobernante (I, 16). Entre el primer libro y el segundo hay una anotación seca, «Entre los cuados, junto al Gran», un afluente del Danubio; y entre el segundo y el tercero, otra: «En Carnunto». Ese era el escritorio.

## Lo que dice

Por lo que he leído, el libro no avanza: vuelve. Unas pocas ideas aparecen una y otra vez con palabras distintas. Pierre Hadot, su gran estudioso, explica que es justo eso, un ejercicio: Marco no expone una doctrina, se la graba a fuerza de repetirla.

### Lo que depende de ti

Es la herencia de Epicteto, a quien Marco cita varias veces (en el libro XI copia varias frases suyas seguidas). Hay cosas que dependen de nosotros, como el juicio y los actos, y cosas que no. Y lo que nos hace sufrir no suele ser lo que pasa, sino lo que pensamos de ello:

> «Si te duele algo externo, no es eso lo que te perturba, sino tu juicio sobre ello. Y está en tu mano borrar ese juicio ahora mismo.»
>
> — Libro VIII, 47

En otro pasaje lo resume en una línea: «El universo es cambio; la vida, opinión» (IV, 3).

### Una sola ciudad

Es lo que más me interesa y lo que menos sale en las tazas. Para los estoicos, el universo lo ordena una razón común, el *logos*, de la que participamos todos los seres racionales. Y de ahí sale una consecuencia política: si la razón es común, la ley es común, y todos somos conciudadanos (IV, 4). En boca de un emperador impresiona: «Mi ciudad y mi patria, en cuanto Antonino, es Roma; en cuanto hombre, el mundo» (VI, 44). O, más corto: «Lo que no es bueno para la colmena tampoco es bueno para la abeja» (VI, 54).

### Todo pasa

La muerte está en casi cada página. Piensa en los tiempos de Vespasiano, se dice: toda aquella gente que se casaba, guerreaba y ambicionaba el consulado ya no existe (IV, 32). «El tiempo es un río de cosas que suceden, una corriente violenta» (IV, 43). Y la imagen que más me ha gustado: pasar este poco tiempo conforme a la naturaleza y acabar contento, «como cae una aceituna madura, bendiciendo a la naturaleza que la produjo y dando gracias al árbol en el que creció» (IV, 48).

Hay además un pasaje que es primo hermano de la carta de Séneca: nadie puede perder el pasado ni el futuro, «porque ¿cómo podría alguien quitarnos lo que no tenemos?»; lo único que se pierde es el presente (II, 14). Es el «esto ya no me afecta; aquello, todavía no», contado por otro estoico un siglo después.

### La ciudadela interior

La gente busca retiros en el campo, en la playa o en el monte, escribe, pero uno puede retirarse a sí mismo cuando quiera, y no hay lugar más tranquilo que la propia alma (IV, 3). En el libro VIII lo convierte en arquitectura: la mente libre de pasiones **es una ciudadela**, el refugio más seguro que tiene el hombre (VIII, 48). De ahí sacó Hadot el título de su libro, *La ciudadela interior*.

### Levantarse por la mañana

El libro V empieza con un emperador que no quiere salir de la cama: «Por la mañana, cuando te levantes de mala gana, ten presente esto: me levanto para hacer el trabajo de un ser humano». Luego discute consigo mismo: que se está mejor entre las mantas; que si ha nacido para estar calentito; que las plantas, los pájaros, las hormigas y las abejas hacen su parte y él no (V, 1). Me encanta que el hombre más poderoso del mundo tuviera que convencerse cada mañana de lo mismo que cualquiera.

### La gente con la que te vas a cruzar

Y el libro II arranca con su página más célebre. Jacinto Díaz de Miranda, que lo tradujo al español en 1785, lo dejó así:

> «…tropezaré hoy con algun curioso, con algun ingrato, con algun provocativo, con otro doloso, con otro envidioso, con otro intratable.»
>
> — Libro II, 1

Lo importante es lo que viene después, y se pierde al citar solo la primera mitad. Esa gente actúa así porque no distingue el bien del mal, y quien obra mal es pariente suyo, porque comparte con él la misma razón. Por eso no puede odiarlo: «Hemos nacido para colaborar, como los pies, como las manos, como los párpados». No es una lista de enemigos, sino un recordatorio de que hay que convivir con ellos.

## El emperador incómodo

Conviene no quedarse con la estampa del filósofo en el trono. Marco Aurelio tenía un poder casi absoluto y lo ejerció. Hizo la guerra durante años, y su columna, en Roma, muestra aldeas quemadas y prisioneros. Él mismo se avisa en el libro: cuidado con «cesarizarse», con teñirse de ese tinte, «porque eso pasa» (VI, 30).

Luego está la sucesión. Desde finales del siglo I, los emperadores elegían sucesor por adopción, entre otras cosas porque no tenían hijos varones, y Marco era el mejor fruto de ese sistema. Él sí tenía un hijo, y en el 177 nombró coemperador a **Cómodo**, que le sucedió en el 180 y acabó asesinado en el 192. Si tenía alternativa, los historiadores lo discuten. Pero cuesta leer «no hables más de cómo debe ser un hombre bueno; sé uno» (X, 16) sin acordarse de Cómodo.

Y están los cristianos. Hacia el 165, en Roma, fue ejecutado el filósofo cristiano Justino, juzgado por el prefecto de la ciudad: aquel mismo Junio Rústico que le había prestado a Marco los libros de Epicteto. En el 177, en Lyon, decenas de cristianos fueron torturados y ejecutados; según la carta que conserva Eusebio de Cesarea, el gobernador consultó al emperador, y la respuesta fue ejecutar a quienes confesaran y liberar a quienes renegaran (*Historia eclesiástica*, V, 1). Cuánto intervino él se discute; Tertuliano llegó a presentarlo como protector. En las *Meditaciones* los menciona una sola vez, con desdén, como ejemplo de quien va a la muerte por pura obstinación y con aspavientos de tragedia (XI, 3), y hay quien cree que esa mención la añadió un copista.

Nada de esto anula el libro, pero lo pone en su sitio: es el cuaderno de un hombre con un poder enorme que intentaba, con desigual fortuna, no dejarse estropear por él. Hay una frase con una ironía que no sé si él veía: donde se puede vivir, se puede vivir bien; «pero hay que vivir en palacio; pues también en palacio se puede vivir bien» (V, 16).

## Estoicismo de LinkedIn

El estoicismo se puso de moda hace unos años, y Marco Aurelio acabó de patrón de las madrugadas productivas. Hay superventas construidos sobre una sola línea suya: *El obstáculo es el camino*, de Ryan Holiday, sale de un pasaje donde dice que lo que estorba en el camino ayuda a avanzar por él (V, 20).

No me parece mal que la gente lea a Marco Aurelio, aunque sea en un carrusel de diapositivas. Pero al convertirlo en eslogan se pierden cosas. En ese mismo pasaje, los obstáculos **son personas**, y empieza recordándose que debe hacerles el bien y soportarlas. Se pierden la colmena y los dioses, que salen constantemente. Y se pierde la muerte, que en el libro está en cada página. El estoicismo de LinkedIn se queda con el autocontrol y tira el resto, que era lo que le daba sentido.

## Las frases que no son suyas

Como pasó con [el Quijote](/post/cinco-ensenanzas-y-cinco-frases-del-quijote) y con Séneca, preparando el post han ido saliendo frases que circulan con su nombre y no están en el libro.

**«Vive una buena vida. Si hay dioses y son justos, no les importará lo devoto que hayas sido…»** Sigue: si son injustos, no merece la pena adorarlos; si no existen, te habrás ido, pero tu vida noble vivirá en el recuerdo de tus seres queridos. No se le conoce ninguna fuente impresa anterior a 2009, y todo apunta a que nació en internet. Lo más parecido es un pasaje que dice casi lo contrario: si hay dioses, irse de entre los hombres no es temible; si no los hay, ¿qué me importa vivir en un mundo así? Y remata: «Pero existen, y se ocupan de las cosas humanas» (II, 11). En cuanto al recuerdo de los demás, Marco no lo quería ni regalado: «Pronto lo habrás olvidado todo; pronto todos te habrán olvidado» (VII, 21).

**«Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de estar vivo: respirar, pensar, disfrutar, amar».** Se ha rastreado hasta el escritor estadounidense Elbert Hubbard, que en 1914, en su revista *The Fra*, escribió algo muy parecido en un texto sobre Epicteto y Marco Aurelio. El Marco Aurelio de verdad, por la mañana, no piensa en el privilegio de respirar: se riñe por no querer salir de la cama (V, 1).

**«Todo lo que oímos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad».** No aparece en el libro. Habla mucho de la opinión, pero nunca de perspectivas, que suena más a nuestro siglo que al suyo.

## Qué edición leer

En español hay dos apuestas seguras:

- **Gredos** (Biblioteca Clásica Gredos, número 5, 1977): traducción de Ramón Bach Pellicer, con introducción de Carlos García Gual.
- **Alianza Editorial**: traducción, introducción y notas de Antonio Guzmán Guerra, publicada por primera vez en 1985 y con edición de bolsillo.

Gratis y legal está la de Díaz de Miranda de 1785, *Los doce libros del emperador Marco Aurelio*, de dominio público y [digitalizada en Internet Archive](https://archive.org/details/marcusaurelius_losdocelibrosdelemperadormarcoaureliotraducidosdelgriegopordonjacintodiazdemira_1785). En inglés, la de George Long está en [Project Gutenberg](https://www.gutenberg.org/ebooks/15877). Los PDF de ediciones modernas que circulan por ahí no son legales; antes que eso, la biblioteca pública o eBiblio. Y como acompañante, *La ciudadela interior* de Hadot, publicada en francés en 1992 y en español por Alpha Decay.

## Lo que espero encontrar

Espero encontrar a alguien más cansado y más dudoso que el de las tazas. Alguien que se riñe, que se repite lo mismo porque no le sale y que escribe sobre la muerte como quien la tiene cerca, en el frente y en la peste. Y quiero leerlo sin olvidar a Cómodo ni a Lyon, porque creo que el libro gana cuando se sabe quién lo escribió.

Termina con una imagen de teatro. Un actor protesta porque lo retiran de escena antes de tiempo: «No he representado los cinco actos, solo tres». La respuesta es que, en la vida, tres actos pueden ser la obra entera: «Vete, pues, en paz, porque también está en paz quien te despide» (XII, 36). Todavía no sé qué haré con esa frase. Me lo dirá la lectura.
